martes, 12 de julio de 2011

Transparencia Política: Erwin Macario Rodríguez / Columna / Jul 12

(Publicado en el Diario Rumbo Nuevo)
* erwinmacario@hotmail.com

Historia de enconos

El mayor peligro que enfrentamos
para progresar, está en permitir que
nos sigan dividiendo y enfrentando,
por ello, debemos tener claro que no
son los suficientes los cambios en los
partidos políticos con miras a los procesos
electorales del 2012. Humberto Mayans 110711

El sorpresivo, impactante y desconcertante anuncio hecho ayer de la determinación de Humberto Mayans Canabal de no participar en el proceso interno en el que el PRI definirá al candidato al Gobierno de Tabasco, ha puesto de nuevo en la reflexión pública el tema de la división, el encono y la inestabilidad política que desde 1988 se ha agravado en Tabasco.

Dijo bien ayer Mayans Canabal —aquí lo hemos y seguiremos documentando— “cuando los tabasqueños estuvimos trabajando unidos, pueblo y Gobierno en torno a un proyecto que implicó instrumentar políticas públicas que llevaron desarrollo, justicia e igualdad a la sociedad toda, progresamos, lo alcanzado por el pueblo de Tabasco de 1958 a 1988, fue ejemplar a nivel nacional y en el sureste, éramos la entidad con mayores índices de desarrollo y bienestar; segundo: a partir de 1988, etapa en donde los tabasqueños dimos primacía a los pleitos, al encono y a los enfrentamientos entre nosotros, como forma de hacer política, años en donde tuvimos también constantes diferendos con la Federación y particularmente con los Presidentes de la República, Tabasco se rezagó y pasó a ocupar los últimos lugares en el desarrollo nacional y en el sur-sureste; la conclusión es obvia, el principal problema de Tabasco ha sido y es político, el principal problema es la mala política que hemos practicado de 1988 a la fecha”.

Vale comentar: Si bien el sexenio de Carlos Madrazo (1959-1965) es considerado el inicio de los gobiernos tabasqueños con estabilidad, su propio hijo, Roberto Madrazo Pintado, aparece en la historia política de Tabasco como la parte más notable de la excepción de la regla pues —independientemente de lo tormentoso que fue su mandato— se le acusa de haber sido uno de los principales culpables de la inestabilidad política que Tabasco ha vivido desde 1988 o mejor dicho desde 1991 que se traicionó a Salvador Neme.

Como don Carlos —se ha dicho en este espacio periodístico— Roberto llegó después de lo que bien podría considerarse un golpe de estado y un gobierno sustituto que les preparó el camino hacia Palacio de Gobierno y la Quinta Grijalva, residencia oficial de los gobernadores de Tabasco.

Manuel Bartlett Bautista y Salvador Neme Castillo, gobernadores constitucionalmente electos, fueron las víctimas de ese estilo de hacer política. Miguel Orrico de los Llanos y Manuel Gurría Ordoñez, quienes los sustituyeron, respectivamente, no sólo terminaron esos sexenios sino que prepararon la llegada de don Carlos y de Roberto. Estos, padre e hijo, intentaron el madrazato, prolongar más allá de seis años el poder que un gobernador logra. Dos Manueles se los impidieron:

Manuel R. Mora Martínez, pese a las acciones que en su contra gestó Carlos Madrazo, mismas que fueron contrarrestadas abiertamente por el propio presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, dispuesto a mantener a sangre y fuego el poder, baño de sangre que impidió el propio gobernante tabasqueño al frenar las órdenes que traía el general Hernández Toledo.

Manuel Andrade Díaz, ante el obstáculo que impedía a Roberto Madrazo actuar abiertamente en su contra: su ambición de ser presidente de la República.

Un repaso a la historia política estatal dejaría ver que realmente no ha habido una estabilidad política en Tabasco: en esos 54 años, en nueve sexenios, que terminan en el 2012 —de Carlos Madrazo a Granier— ha habido 13 gobernadores, nueve que llegaron con el voto ciudadano, dos interinos y dos sustitutos, pues dos de los electos no concluyeron su mandato sexenal, otro dejó de gobernar un año intermedio y se nombró gobernador interino por un año al anularse la elección del 2000.

Por la vía electoral asumieron el cargo Carlos Madrazo, Manuel R. Mora, Mario Trujillo García, Leandro Rovirosa Wade, Enrique González Pedrero, Salvador Neme Castillo, Roberto Madrazo Pintado, Manuel Andrade Díaz y Andrés Rafael Granier Melo.

A Gonzalez Pedrero lo sustituyó, el último año de su sexenio, José María Peralta López; a Salvador Neme, Manuel Gurría Ordóñez; y a Roberto Madrazo, Víctor Manuel Barceló Rodríguez durante un año —pues al perder la candidatura presidencial regresó a gobernar.

En la sucesión de Roberto Madrazo se anuló la elección en contra de Manuel Andrade Díaz y el Congreso designó como gobernador interino a Enrique Priego Oropeza, durante un año, mientras se celebraban comicios extraordinarios en los que nuevamente Andrade fue candidato del PRI y ganó para gobernar los restantes cinco años del sexenio.

LADO CLARO

En realidad, se puede considerar que hubo estabilidad en los gobiernos de Carlos Madrazo, Mario Trujillo, Leandro Rovirosa y Enrique González Pedrero. El de Manuel R. Mora fue a medias. Y con Salvador Neme Castillo y la traición en su contra se inició un periodo de enfrentamientos entre la clase política tabasqueña, agudizado en el propio gobierno de Roberto Madrazo, quien a punto estuvo de no asumir el cargo, pues el Congreso y la Plaza de Armas fueron tomados por militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

La inestabilidad afectó un poco el gobierno de Manuel Andrade y se mantiene contra el gobernador Granier, aunque no con la misma fuerza y violencia física.

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