(Publicado en el Diario Rumbo Nuevo)
* erwinmacario@hotmail.com
Así es Milton
Ya sabes como es Milton.
Roberto Madrazo/ gira en
Balancán.
El servilismo, como relación entre el domini, amo o dueño del esclavo, y éste (servi), si bien rebasaba en ocasiones la venta de quien se consideraba un objeto, al que incluso podía violarse físicamente, no llegaba a los grados de abyección que algunos políticos practican en la actualidad.
Se era esclavo como prisionero de guerra, como hijo de esclavo o por ser un niño abandonado. Contra esa dominación hubo luchas. En el mismo circo, los gladiadores romanos no sólo defendían sus vidas contra el caput del César sino que buscaban su libertad.
Cuánto asco dan quienes voluntariamente ponen el cuello a la soga y actúan como viles esclavos de un amo que ellos escogen, aunque éste ni lo pida, ni lo busque y no se justifique tal envilecimiento, como sucede entre funcionarios —si bien de nivel inferior— que no son del partido o grupo del que seleccionan para humillarse, hacerse despreciable a los ojos de otros.
Estos seres infames —por si mismos—, no sólo se dañan a si mismos —en actitudes denigrantes de lesa humanidad— sino que ponen en aprieto a quienes son objeto de actitudes versallescas, como acaba de suceder hace unos días en Tabasco.
Y no es la primera ocasión en que esto hace el personaje, aunque primero lo hizo como alcalde del PRI y ahora del PAN. Y ante políticos diferentes. Aquella vez con un “Ya sabes como es Milton”, se pintaba el desprecio que a su autoridad y a su pueblo hacía el presidente municipal de Balancán al imponer el nombre del gobernador Roberto Madrazo al malecón de la cabecera municipal.
Ponerle el nombre de don Carlos al malecón hubiera sido menos abyección política de parte de Milton Lastra Valencia.
Presuntamente ajeno al culto de la personalidad, Roberto Madrazo aceptó el homenaje. —No es posible que acepte que impongan su nombre a esa obra —dije esa vez al mandatario. “Ya ves como es Milton”, fue la única respuesta.
Esta vez, sin embargo, Lastra Valencia rebasó todo línea de la dignidad y, lo que es más grave, ofende más que homenajear.
Ofensa porque poner el nombre de la esposa del gobernador Andrés Granier a un boulevard —quitándole el que ya tenía, el de José Nazur Bolívar, donador de los terrenos donde se ubica esa calle pomposamente llamada boulevard— va más allá de un reconocimiento genuino, libre de intereses bastardos.
La señora Tere Calles es una persona ajena totalmente a ese tipo de reconocimientos, a esas actitudes serviles de quienes no miden el alcance de sus actitudes serviles.
Hija del periodista Jorge Calles Broca, director fundador del diario Presente, nunca fue, ni es, afecta siquiera a menciones como las que se acostumbran en las páginas de sociales de todo medio informativo.
Quienes la conocen deben saber en que lío la metió el alcalde de Balancán. Cuánto esfuerzo tuvo que hacer para acompañar a Granier al evento donde se colocó su nombre. Algún día se sabrá de su propia voz.
Si se quería quedar bien con Granier, no era ese el camino. El propio jefe del Ejecutivo debió sentirse apenado y obligado por ese acto de cortesanía, que tal vez no despreció en lo personal por su propio carácter y por la cortesía política que debe haber en un gobernante.
Nadie pasa por alto el valor que tiene Teresa Calles Santillana. En ningún otro lugar, empero, se le ha hecho parte de una comedia política como ésta. El respeto y el reconocimiento de un gobernante y de su esposa se gana en el trabajo cotidiano. En Tabasco se recuerdan a doña Graciela Pintado de Madrazo, a Celia González de Rovirosa, a doña Julieta Campos de González Pedrero, ya libre de toda bajeza política; a doña Celia Sastré de Neme.
A ninguna se intentó siquiera homenajear a este grado para quedar bien con sus esposos. Eran otros tiempos sin Milton.
Claro que eso de cambiar nombres para intentar quedar bien, no es una invención de Milton Lastra.. El propio Noé de la Flor cambió el nombre de la Escuela de Arte y Oficio y le puso el de doña Eufrosina Camacho de Ávila, esposa del presidente de entonces. Don Carlos Madrazo impuso el nombre de su maestra —de indiscutible, eso sí, valor académico— a la Escuela Normal, quitándole el que tenía, Dolores Correa Zapata y dejándole el de Rosario María Gutiérrez Eskildsen.
En política fuimos testigos de cómo se cambió el nombre del auditorio del PRI, que se llamaba Rodolfo Sánchez Taboada, para ponerle el de Luis Donaldo Colosio. Sólo dos consejeros políticos se opusieron a ello argumentando que ya el auditorio de la CNOP ostentaba ese nombre.
Pero los alcaldes son dictadorzuelos en sus pueblos. Ya ven que Cuco Rovirosa puso los nombres de su esposa y de sus hijos a calles de Macuspana.
LADO CLARO
Servilismos como el de nombrar calles con personajes en el afán de quedar bien ante el gobernante en turno se terminarían si las calles de nuestras ciudades tuvieran número en vez de nombres, como pasa en Tenosique. O en ciudades como Mérida y Puebla.
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