sábado, 19 de junio de 2010

Doble Filo: Homero T. Calderón / Jun 19

ooo
(Publicado en el Diario Tabasco Hoy)

Mamá, soy naquito, ya no haré…

El pasado jueves 17 las piernas prietas de los ratones negros, se cubrieron momentáneamente de gloria al ganarle en el “panbol” a las fuerzas de la Francia. Las armas nacionales se cubrieron de gloria. Ay, pero si apenas se le ganó a un equipo cansado, muy viejo, que arrastraba por momentos las piernas.

Lo único positivo de esto fue que –de nuevo- el “Salón Carnitas”, nueva oficina donde despacha el senador Pancho Herrera, tuvo lleno hasta las lámparas. El chicharrón con pelos voló. La moronga y el mondongo en verde, igual. Roger, Maro y Chalo Vázquez no se cubrieron de gloria, pero si de billetes.

¿Le digo una cosa? Nunca he visto un pueblo tan pedote como el tabasqueño. Lo pedote sin embargo, no lo hace gran conocedor del “panbol”. En la televisión, un mamoncísimo Javier Aguirre quiso pasar como la nueva versión de Ignacio Zaragoza. Y los productores de Televisa dejaron la impresión que querían romperle la mádere a Raymond Domenech, el entrenador de los franceses, creándole una versión “light” del derrotado Conde de Lorencez en la batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla.

Toda esta subcultura sacó del último rincón del closet hasta al más naco. “Mamá, soy naquito, ya no haré travesuras…Y un cielo impasible describe su curva”.

Hoy sin embargo, no omito decirle –así redactan sus cartas los burócratas- que soy en el “panbol” como usted: un auténtico villamelón. Esto me dará ocasión para que el “naco” que llevamos dentro (usted y yo), envíe una señal de cierta rústica cultura a este pueblo que desde hace 29 años me da de comer. Por ejemplo, ¿qué es un villamelón?, o ¿qué es un naco?

“Villamelón.- Dícese del hipotético pueblo español del mismo nombre, de
dónde provenían ciertos personajes que siendo rústicos e ignorantes, intentaron incorporarse a la culta sociedad española de finales del siglo XVIII. Cuando alguien queriendo hacerse notar, externaba opiniones evidenciando su ignorancia, de inmediato se decía: éste viene de Villamelón”.

Acá en México, “naco” es el hijo de provinciano nacido en la capital de la república. Bien, como “naco” o como Villamelón, celebré lo poco celebrable que hay en la república. Lo único que lamento es que el “comercial” donde el “Vasco” Aguirre nos quiere hacer creer que México es grande, lo repetirán mil veces más por día.

Es claro que esta celebración no me duró mucho pues hoy sábado, 24 horas después, como todo microempresario que no puede vivir solamente del periodismo, tengo que pagar nómina. Pero algo es algo…

Los homosexuales van al cielo

Cuenta un amigo que murió Ricky Martin a causa de un tumulto de homosexuales que querían homenajearlo por encabezar con mucha categoría sus sexuales causas. Muerto ya, llegó al cielo donde lo recibe san Pedro quien –solícito- le muestra las celestiales mansiones. Una vez terminado el recorrido, Ricky le pregunta:

--Perdón, san Pedrito, todo esto es verdaderamente hermoso, pero hay algo que me gustaría saber…
--Dime, le responde san Pedro…
--¿Y en dónde voy a estar acá en el cielo?…
--Ah, mi pequeño Ricky, tú vas a estar a la diestra del padre…
--¿A la derecha del padre? No lo puedo creer, que honor…
--Sí, a la derecha del padre, ¡pero del Padre Maciel! (Uhhh)…

Otro de padres

Este chascarrillo lo envía el lector Javier Álvarez, hombre muy relacionado con todo tipo de auditorías y ese desmadre de los contadores. Cuenta que una noche un padre escucha mientras su hijo reza: “Dios bendiga a mami, a papi y a la abuela. ¡Adiós, abuelo!...

Al padre se le hace extraño pero pronto se le olvida. Al día siguiente, sin embargo, el abuelo muere. Seguro fue una casualidad, se dice para si el padre…

Tres meses después, el padre escucha mientras su hijo reza antes de dormir: “Dios bendiga a mami, a papi, ¡adiós, abuela!...

Al día siguiente, la abuela muere. Ahora el padre está hondamente preocupado, sospecha que su pequeño tiene poderes extrasensoriales que la ciencia y la razón no pueden explicar. Pero más se preocupa cuando dos semanas más tarde escucha de nuevo al muchachillo rezar: “Dios bendiga a mi mami, ¡adiós, papi!...

Al padre casi le da un infarto cuando lo escucha pero lucha por guardar la calma. Respira hondo y se dice a si mismo que puede haber una oportunidad. No lo comenta con nadie pero pasa la noche en vela pidiendo perdón por todos sus pecados. Se baña, desayuna bien temprano y se va directo al trabajo para evitar accidentes con las mamás que en el último minuto llevan a sus hijos a la escuela mientras al mismo tiempo hablan por celular y se maquillan.

Se queda todo el día trabajando y cena en el trabajo. Regresa a su casa pasada la medianoche ¡y sigue vivo! Cuando llega, lo primero que hace es disculparse con su esposa: “Perdóname cariño, ¡tuve un día terrible!...
--¿Terrible, dices?, lo amonesta la señora, terrible el de nosotros. ¡Hoy se murió el lechero en la puerta de la casa!...
Como usted puede ver, mañana que es día del padre, no permita que su hijo ande pensando en hacer oración. Aunque le salga caro, mejor llévelo a McDonalds o a la Sevillana, pero ¡que no rece, y menos por usted!...

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