(Publicado en el Diario Tabasco Hoy)
¡Qué de historia!
>Esti (Estíbal Carranza) era visto con buenos ojos en el distrito 12 de Viena, “un barrio donde conviven familias inmigrantes de Turquía y los Balcanes con pensionados austriacos”, según una anotación periodística de Yaotzin Botello. Atodos los vecinos les caía bien, en parte por su porte, aunque pequeño, distinguido, capaz de llamar la atención de medio mundo, pero también por su amabilidad con quienes la rodeaban. "De padre tapatío y madre vasca, la mujer, de treinta y dos años, tenía unos ojos que brillaban con cada "buenos días" que daba, y sus 1.50 de estatura quedaban compensados con su porte elegante y buen vestir", refiere el enviado de "Reforma". "Era muy simpática, muy guapa. Como una flor", le dijo a ese enviado Erkan Koksal, dueño de la peluquería vecina a la Schleckeria que tenía abierta al público. La empleada de una farmacia cercana confirma su guapura y la encargada de una verdulería narra que no convivió con ella pero que siempre saludaba. "Era muy buena onda y muy trabajadora, con un muy buen negocio" añade la mesera Hildegard Kogler de un restaurant que está enfrente, según esta fuente periodística. Esti llegó en el año 2006 a la capital austriaca junto con su esposo, el berlinés Holguer Holz, quien le compró una heladería ubicada en un "lugar feo". Dos años después éste desaparecía (no se volvería a ver por ninguna parte). "Me abandonó", le dijo ella a uno de sus amigos; a otros les comentó que se había ido a una secta. En el año 2009 empezó a salir con el austriaco Manfrend Hinterberguer, quien, según los vecinos, le dio cien mil euros para renovar el negocio. En días de calor la terraza de éste "estaba a reventar y sus cinco empleados no se daban a basto". "Cualquier helado que pidiera era bueno, sobre todo con esa mujer simpática", diría un septuagenario. Pero --refiere el narrador de esta historia: Yaotzin Botello-- a finales de 2010 Hinterberger también se esfumó, con la diferencia que esta vez su desaparición sí fue reportada, aunque pronto el asunto pasó a segundo plano. El pasado seis de junio el dueño de la peluquería y un plomero hicieron un macabro descubrimiento mientras instalaban un desagüe: dos congeladores llenos de restos humanos cubiertos de cemento, que ni más ni menos correspondían a los cuerpos de los dos maridos (o parejas) de la simpática, guapa, tipo de flor, que daba los buenos días con brillo en los ojos, de porte elegante y buen vestir. Esta se convertía en la principal sospechosa de todo esto. Esti no tardaría en enterarse del hallazgo ya que dos clientes de su heladería comenzarían a hablar del tema, llegando ello --que se encontraba en la cocina-- hasta sus oídos. "Se puso pálida", dijo el dueño de la peluquería "y sin decir buenos días se fue, cruzando la calle mientras hablaba por teléfono. Así se le escapó a la policía. Fue al banco, retiro su dinero, saco un boleto de avión a París y se fue en taxi rumbo a Italia. Con el taxista envió alguna documentación y éste en vez de entregársela al destinatario dio aviso a la policía. El final de la historia es que un músico le ofreció alojamiento y como vio en ella algo sospechoso la delató ante la justicia, que la arrestó y sometió a juicio. Hoy a Esti se le conoce como "la dama de hielo" interesante historia. ¿O acaso no, lector, lectora?
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