lunes, 8 de agosto de 2016

OPINIÓN / SANDRA GUZMÁN / La crisis Brasileña durante las Olimpiadas / Columna / Lu Agos 08

Opinión

La crisis Brasileña durante las Olimpiadas

Sandra Guzmán
ggsandra@hotmail.com
Publicado en el Diario Rumbo Nuevo

Mientras muchos en el mundo se congratulaban con la inauguración de los Juegos Olímpicos que se llevan a cabo en Río de Janeiro, para los brasileños, pareciera que es todo lo contrario: ha sido lo peor que les pudiera pasar, por el momento caótico, en que se encuentran, internamente.

Brasil es un país que actualmente camina hacia una transición y aunado a esto existe un descontrol de gobernabilidad ya que por el momento tiene dos presidentes y ambos impopulares ante la ciudadanía.
Así, los juegos olímpicos han sido una pesadilla para los habitantes de este país ya que han representado un tremendo gasto para desarrollar la infraestructura necesaria para llevarlos a cabo; mismos que pudieron invertirse en la infraestructura necesaria para el desarrollo brasileño.

Desde que en el 2009 surgiera la confirmación de que Río sería la primera sede sudamericana de las Olimpiadas, muchos lo vieron, al principio, como un golpe de suerte, pero desafortunadamente les llegó la recesión económica. La ciudad ha sido golpeada por una serie de problemas que han eclipsado los preparativos, socavado la confianza y generando interrogantes sobre los verdaderos beneficiarios del mega evento.

Recordemos que uno de los grandes problemas fue el voto para el proceso de destitución de la Presidenta Dilma Rousseff que ha dividido al país; aunado al escándalo de corrupción más importante de la historia de Brasil; la mayor caída del PIB en décadas; el virus del Zika que fue la peor crisis sanitaria de la región; y una contaminación tan terrible, que las aguas de la Bahía de Guanabara, sede de los deportes de vela, apestan a excrementos.

Además ya han muerto 11 trabajadores en las obras olímpicas, y durante los preparativos de la Copa del Mundo 2014 murieron 8 personas, mientras que en los Juegos de Londres no hubo un solo accidente mortal.

Agregando que la preocupación por los recortes en el gasto público crece con el pasar de los días, hay cientos de escuelas paralizadas por las huelgas; los servicios médicos ya han avisado de que el sistema de salud no está preparado para el virus del Zika; y los organizadores de los Juegos han tenido que buscar financiación alternativa para pagar el sistema de aire acondicionado del Centro Internacional de Comunicaciones.

Lo que es más preocupante de los recortes es la reducción en unos 2.000 millones de reales (cerca de 11 801 millones de pesos) del presupuesto de la policía federal, pese a que los servicios de inteligencia ya avisaron que el próximo objetivo del Estado Islámico podrían ser los Juegos. Y ya para rematar con la tragedia hay un incremento del desempleo, la inflación rampante, los continuos problemas con la desigualdad, los asesinatos de jóvenes de color cometidos por la policía y sus declaraciones a favor de la tortura, y la misoginia y comportamiento dictatorial del político más votado de la ciudad, Jair Bolsonaro.

Los organizadores de Río 2016 afirman que los Juegos Olímpicos son parte de la solución para Brasil, y no, otro problema. “Los Juegos son una de las pocas cosas buenas que pasarán este año”, aseguró el ministro de Deportes, Ricardo Leyser. “Pueden reanimar al país y generar puestos de trabajo. En este momento difícil, los Juegos nos ayudan a reactivar la economía y a atraer turistas”.

Lo totalmente cierto es que hay una gran incertidumbre, en especial acerca del liderazgo nacional. En este período de intenso caos político, Brasil ha tenido tres ministros de Deporte en poco más de un año.
Podría volver a cambiar pronto si el vicepresidente, Michel Temer, forma un nuevo gobierno mientras Rousseff se somete al proceso de destitución por parte del Senado.

Tal es la confusión que hasta hubo quienes se plantearon otra duda, ¿cuál de los dos presidentes representaría al país en la Ceremonia de Apertura? Al final, fue el presidente interino del país, Michel Temer, sin ser anunciado públicamente; quien dio, desde su palco, por abiertos los Juegos, en medio de una nutrida rechifla.

Sergio Praça, académico de la Fundación Getulio Vargas, critica severamente el clima político: “Creo que nadie en Brasil está de ánimo para los Juegos Olímpicos, y mucho menos en Río de Janeiro”. Según él, “todo lo vivido hasta ahora es realmente malo y muy negativo”. “Las Olimpiadas no han traído ninguna buena noticia. Toda la culpa es de la municipalidad, del gobierno federal y del gobierno nacional”.

Para Praça, forma parte de un problema más serio: organizar grandes eventos deportivos que sirven a los intereses de un pequeño sector, a expensas de la mayoría.

“Para los políticos, los Juegos Olímpicos pueden ser algo grandioso. Pero para la población en general, estos mega-eventos, como la Copa del Mundo y las Olimpiadas, son malos. Hacen que la gente tenga que mudarse de sus casas y generan una gran cantidad de inversiones públicas innecesarias. Tenemos estadios vacíos que no se usan desde la Copa del Mundo… Estos eventos no son para la población de Brasil. El costo es demasiado alto”.

La población sigue molesta, la situación económica no mejora y mucho menos, la seguridad en el país; mucha gente se quedará sin trabajo tras las Olimpiadas. Estos eventos deberían ser para países desarrollados, por la logística, la infraestructura y el lujo de las instalaciones. Es claro que las olimpiadas serán una gran fiesta, pero, a la ciudad, le dejarán una gran crisis.

Ya la antorcha olímpica se encuentra encendida y los estadios terminados, los atletas de todo el mundo ya llegaron a sus villas y preparados para las competencias, habrá que prestar mucha atención los siguientes días y ver que traerán verdaderamente estos juegos olímpicos 2016. Les urge a los brasileños que traigan algo más que simple fiesta.

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