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Foto: Redes Sociales
Discurso de la Secretaria General del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el homenaje oficial del Gobierno de Tabasco y la Fundación Carlos Madrazo al exGobernador de Tabasco, Carlos Alberto Madrazo Becerra.
Distinguidas autoridades civiles y militares
Amigos de la Fundación Carlos A. Madrazo
Buenos días
Con el honor de haber sido invitada por la Fundación Carlos A. Madrazo A.C. vengo a Tabasco con mucho gusto a evocar la memoria de un mexicano ilustre entre los grandes líderes políticos que nuestro país ha dado, nacido precisamente en este gran estado, al que el General Lázaro Cárdenas llamó en su momento “el laboratorio de la Revolución”.
En particular agradezco al Licenciado Roberto Madrazo Pintado, hijo de nuestro homenajeado, quien me privilegia con su amistad. Recuerdo con orgullo su campaña presidencial como candidato del PRI, cuando me distinguió nombrándome coordinadora regional Sureste y le acompañé a giras por la Chontalpa.
De Carlos Madrazo Becerra se ha dicho y escrito mucho. El carácter plenamente revolucionario de sus ideas y de sus actos es materia de estudio para los que se adentran en la ciencia política y en la historia para averiguar los porqués de nuestra actualidad. Estamos hablando de un revolucionario total.
Desde sus inicios como líder estudiantil aquí en Tabasco y en la capital del país, iniciado en las tesis socialistas de Garrido Canabal y forjado en la cultura del esfuerzo y de la autoformación ideológica, destacó Carlos Madrazo en un México que pedía a gritos silenciosos un cambio en la forma de hacer política.
Con nuestro país apenas en la transición de los caudillismos regionales hacia el fortalecimiento institucional, los ciudadanos veían en el sistema político una complejidad incomprensible, y el olor a pólvora aún permanecía en muchas regiones del país. Hacía falta hablar con claridad a la gente, involucrarse en las causas populares y, muchas veces, remar contra corriente.
Este es el contexto político de Carlos Madrazo, a quien su origen y lejanía con la capital no asustó, sino que lo impulsó a atreverse a hacer política, a buscar entre el pueblo la fortaleza del líder, a disentir una, dos, todas las veces necesarias para defender sus posturas.
Pero un disenso racional, no una oposición ciega ni un ensimismamiento loco. Para ser revolucionario hay que tener primero ideología revolucionaria, decía, y aquí está a mi parecer la raíz de su ser, de su actuar, de su pensar. Una fortaleza ideológica a prueba de todo, la misma que le permitió avanzar en su carrera a pesar de muchos intentos por frenarle.
Tras su elección como diputado federal, en el que tampoco estuvo exento de polémica al sortear incluso un proceso de desafuero, encontramos a Carlos Madrazo en la campaña presidencial de Adolfo López Mateos, y desde Tabasco, a la llegada del candidato, una declaración que prefigura su estatura política: “la política no es agravio personal ni ejercicio de la violencia sino manejo de ideas; es función creadora al servicio de la Patria”.
En 1959 toma posesión como gobernador y desarrolla aquí, en el “laboratorio de la Revolución”, un programa encaminado a la modernización: carreteras, escuelas, hospitales, fuentes de empleo, pero sobre todo una mística de trabajo reconocida por su gente, este Tabasco que desde Garrido había aprendido a luchar de pie y a esforzarse todos los días, a no pedir sino conseguir. Un pueblo a la vez duro en sus juicios pero que supo apreciar a un hombre que ante todo lucía con orgullo una fuerte cultura moral que se resume en otra de sus grandes frases: “a los tabasqueños sólo se les puede gobernar sirviéndolos”.
De su muy bien recordado y exitoso gobierno en Tabasco hemos de destacar su mística de trabajo, de 24 horas todos los días de la semana, de un esfuerzo inagotable por no desperdiciar un segundo e invertir todo para lograr el desarrollo petrolero, la construcción de sistemas hidroeléctricos y regiones de riego, apoyo directo a productores rurales y todo esto con una bien orientada política de modernización.
Hombre incansable, predicó con el ejemplo al atender de forma directa y honesta los asuntos públicos pero también al atajar cualquier problema con la claridad suficiente para hacerse entender por la gente, ya que como decía “nada hay más peligroso que no salir a tiempo al encuentro de un problema”.
Más adelante, como dirigente nacional del PRI, Carlos Madrazo se adelantó a su tiempo e inició reformas que incluso hoy nos parecen audaces. Pero es su gestión como gobernador de Tabasco lo que a mí me llama la atención por su pundonor, por su compromiso con los suyos, pues también en sus palabras “no hay problema difícil cuando el gobernante se refugia en la autoridad y el consejo del pueblo”.
Para quienes nos hemos desempeñado a la cabeza de un gobierno, estas frases, aparentemente sencillas, tienen la contundencia de la verdad. Nada más riesgoso que alejarse de lo que el pueblo siente y piensa; nada menos aconsejable que ir en contra de lo que el pueblo demanda. Coincidiendo con Carlos Madrazo, estoy convencida que el mejor asesor que puede tener un gobernante es la gente, es el mismo pueblo.
Hay quienes insisten en la presunta vena autoritaria de nuestro homenajeado, pero lo cierto es que en no pocas ocasiones actuó con extremada prudencia, que no inacción, ante temas sensibles. Pero nunca fue indeciso, pues repetía que hay que saber escuchar a todos pero también decidir lo que convenga al bien del Estado.
Aquí en su tierra se entiende mejor la gran talla moral de Carlos Madrazo. Esa estatura política que le llevó, al concluir su gobierno en 1964, a la presidencia nacional del PRI.
Como político nacional, Carlos Madrazo destacó en un liderazgo crítico, renovador e impulsor de reformas en un instituto político que a pesar de su juventud se resistía a cambios estructurales. Toda reforma de fondo, partidista o de gobierno, enfrenta resistencias y a menudo quienes se oponen a las reformas paradójicamente son incluso beneficiarios de las mismas, aunque no puedan o no quieran darse cuenta.
Aunque no claudicó en sus reformas internas como dirigente partidista, lo cierto es que nuestro homenajeado apenas pudo poner en marcha algunas. Su paso por el timón de la que entonces como hoy es la primera fuerza política del país, es recordado sobre todo por un torrente ideológico encaminado a abrir espacios para la mujer y la juventud, a renovar dirigencias estatales plenamente identificadas ideológicamente con los principios revolucionarios y a establecer de forma clara, en sus palabras, que “el partido no es una oficina de gobierno”.
Claridad y contundencia totales.
Algunas de las propuestas que en su presidencia fueron expresadas, se consolidaron en la XXI Asamblea de mi partido, que tuve el honor de conducir junto a César Camacho. De ese tamaño fue el anhelo y en esa larga perspectiva la visión que sostuvo.
Claridad y contundencia totales.
Algunas de las propuestas que en su presidencia fueron expresadas, se consolidaron en la XXI Asamblea de mi partido, que tuve el honor de conducir junto a César Camacho. De ese tamaño fue el anhelo y en esa larga perspectiva la visión que sostuvo.
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