¿Qué %&$#”¨* pasa con los gobernadores?
Ivonne Melgar 11/07/2015 04:56
La queja es reiterada: ¡ay, los gobernadores!
Sea en los asuntos de corrupción, seguridad, educación o superación de la pobreza, las desviaciones parecerían acumularse a causa de los ejecutivos estatales.
Y en la vida de los partidos, el comentario se repite: aguas, ahí andan presionando los gobernadores.
Convertidos en una especie de políticos que se cruzan de brazos cuando de problemas graves se trata, parecerían incontrolables a la hora de la grilla y el activismo electoral. Como si el tinglado institucional hubiera dado de sí, las autoridades federales comparten su impotencia. Es el caso del titular de la SEP, Emilio Chuayffet, que pidió auxilio al Congreso para definir quién es el patrón de los profesores donde los gobernadores no quieren o no pueden aplicar la Reforma Educativa: Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas… Fue una confesión que puso en entredicho la promesa sexenal de recuperar la rectoría del Estado en materia educativa y evidenció la insuficiencia de la centralización de la nómina docente, una medida que se tomó en el inicio de la gestión de Enrique Peña.
Si bien las resistencias de la CNTE han dejado al descubierto las fallas de un federalismo, a veces de papel, éstas no son exclusivas del terreno magisterial ni surgieron ahora.
La reingeniería impulsada por la Sedesol en programas contra la pobreza busca garantizar que los gobiernos locales apliquen los recursos en los renglones donde el rezago es mayor: drenaje, agua, electrificación, viviendas con piso de tierra.
Parecería una obviedad: el dinero público debe canalizarse en los rubros vinculados a la marginación. Y, sin embargo, hasta hace poco, ese presupuesto conformaba lo que Rosario Robles llama irónicamente “el fondo Suburban”, porque su uso discrecional permitía hasta la adquisición indiscriminada de camionetas.
Tenemos entonces un gobierno que intenta poner orden ahí, donde los márgenes administrativos estatales han tenido manga ancha.
Pero el desbalance persiste entre el poder central y el de los estados, donde el peso de los gobernadores se acrecentó con la alternancia de hace 15 años, cuando Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos.
En ocasión del aniversario de aquel 2 de julio de 2000, Dulce María Sauri Riancho, entonces presidenta de los priistas, compartió esta semana enExcélsior una reflexión que ayuda mucho a entender la génesis de un conflicto silenciado, pero vigente. Y de naturaleza eminentemente política.
“El PRI pasó de ser un partido con un solo centro de poder, que era la figura presidencial, a un partido multipolar, en el que gobernadores, legisladores, dirigentes partidistas nacionales, estatales y municipales, se volvieron parte de una red en la que no existía una clara prelación”, describió la exgobernadora de Yucatán.
Recordó Sauri Riancho que los gobernadores priistas pusieron en aquellos años la semilla de la Conago.
Para la exdirigente del PRI, el triunfo de Peña en 2012 cambió el escenario, porque el poder partidista volvió a Los Pinos. Pero, alertó la exsenadora, “el sistema multipolar no desapareció del todo”.
A juicio de Sauri, “persiste la conciencia de la fuerza que cada uno de los gobernadores sabe que posee en sus estados, en que las desviaciones de los sanos principios de la administración pública y de gobierno, no son sancionados ni política ni legalmente”.
Su señalamiento puede documentarse en la prensa de los días recientes, donde los escándalos de corrupción son protagonizados por exgobernadores: el priista Humberto Moreira y los expanistas Emilio González Márquez yLuis Armando Reynoso Femat, entre otros.
A la discrecionalidad se suma otro fenómeno que la expresidenta del PRI describió así: “Cualquiera de los mandatarios estatales priistas se pueden considerar con méritos suficientes para aspirar a la candidatura presidencial, con independencia de sus posibilidades. Hay un Peña Nieto en la mayoría de ellos”.
Esta situación, advirtió la política yucateca, “es fuente potencial de tensiones internas, inéditas en las estructuras partidistas”. La alerta que la expresidenta del PRI hace del empoderamiento experimentado por los gobernadores a partir de la primera alternancia, no es privativo del partido en el poder.
En el PAN, Ricardo Anaya Cortés, el aspirante con mayores posibilidades de relevar a Gustavo Madero en la dirigencia, busca conformar un equipo cuya fuerza pueda mantenerse con autonomía frente al avasallamiento de los mandatarios blanquiazules.
Grillas partidistas al margen, la alarma sobre el riesgo que para la seguridad nacional representa el cuestionable desempeño de los gobernadores, sonó esta semana en voz de Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional.
Su llamado de atención de que hay incumplimiento estatal en la limpia de las corporaciones policiacas y el combate al crimen organizado marca el fin del silencio militar frente a la impunidad del poder civil. Y hace pública la advertencia al gobierno federal, y al presidente Peña, de que sobre aviso no hay engaño. Porque aquel frente de gobernadores que le dificultó las cosas aFox y a Felipe Calderón ya no parece tan beligerante. Y, sin embargo, su fuerza de boicot sigue ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.