martes, 4 de octubre de 2011

Lletraferit: Tere Oramas Beurregard / Columna / Oct 04

(Publicado en el Semanario El Independiente)

En el nombre del amor

tenchioramas@hotmail.com

En su ira, Antonio desnuda violentamente a su mujer y la humilla públicamente al sacarla al balcón de su vivienda en esas condiciones; Pilar, aterrada, tiembla y suplica a su marido que cese el maltrato a la que ha estado sometida durante diez años de matrimonio. Ésta es la escena más desgarradora de la película española “Te doy mis ojos”, protagonizada por Laia Marull y Luis Tosar, que cuenta la intensa vida de una mujer enamorada y manipulada por su propio agresor, su esposo.

Éste filme que recibió 7 premios Goya y dos Conchas de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en el 2003, no sólo cuenta la historia de una mujer maltratada física y psicológicamente por su pareja, también muestra a una madre que consiente la humillación, una hermana que no entiende el sometimiento, un hijo que solo observa sin decir nada, unas amigas que no dan el mejor consejo, a una sociedad acostumbrada al dolor y al miedo de sus víctimas.

Éste panorama no ha variado en España, las cifras de mujeres agredidas por sus parejas va en aumento, las muertes por éstas causas también; 71 homicidios el año pasado, en este 2011 hasta finales de septiembre, casi 50. Causa admiración la cantidad, sorprende aún más las formas y métodos brutales que utilizan los hombres para quitarles la vida a sus mujeres: les prenden fuego, las asfixian, las estrangulan, las apuñalan, las mutilan como si fueran su peor enemigo en una relación amor-odio.

Este comportamiento que no es propio de los españoles, no ha podido tener una explicación científica, no existe un perfil del maltratador, igual asesinan ricos que pobres, blancos que negros, legales que indocumentados, empleados que desempleados, el único patrón psicológico es la violencia. Aunque existen sociedades en que la actitud agresora es un asunto cultural, como Afganistán, El Congo ó Pakistán donde las mujeres son víctimas de “crímenes de honor” (asesinatos que buscan recuperar el honor de los hombres).

En Pakistán, por ejemplo, según datos de la Comisión de Derechos Humanos de ese país, en el 2010 casi 800 mujeres fueron asesinadas por sus esposos en actos públicos para exhibir la “deshonra” de la que fueron objeto.

En el paìs ibèrico, la cobertura informativa sobre estos sucesos es fundamental, los medios de comunicación han apoyado las campañas y mensajes institucionales del gobierno español, sin embargo, el constante aumento en los homicidios de mujeres recobra especial interés y preocupación en la sociedad que sigue preguntándose qué pasa. La investigación periodística profunda en este tema tiene su origen en el asesinato de Ana Orantes en 1997 quien después de denunciar las agresiones que venía sufriendo en un programa de televisión nacional, el marido la esperó en casa, la ató, la roció de gasolina y la quemó.

Éste acontecimiento marcó un antes y un después sólo en el tratamiento del tema en los medios informativos, no así en la violencia de género. En España, al igual que en otros países del mundo, las reformas legislativas y judiciales protegen a las mujeres pero la ley parece no detener las cifras de maltrato, el problema sigue siendo cultural, son pocas las denuncias, pocos los culpables.

Ninguna ley puede ser perfecta cuando no se cumple por miedo, por terror a denunciar, por seguir viviendo en el infierno en el nombre del amor.

* Alumna del Postgrado en Comunicación Política e Institucional del Instituto de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, España.

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