Tiempo de Política
Salvador Fernández
Publicado en el DIARIO DE TABASCO
Festivales, boyantes y nacidos muertos
Estiman que el Festival del Chocolate en Tabasco del presente año en su séptima edición del 23 al 27 de noviembre, tendrá una afluencia de 150 mil visitantes y una derrama económica mínima de 90 millones de pesos.
El evento se consolida al tener un aumento de 13 por ciento en el número de asistentes que en 2015 fue de 132 mil personas, mientras que el ingreso económico incrementará en un 12 por ciento más que el año pasado.
Esta es una buena noticia, es la cereza del pastel llamado “Cacao Grijalva”, denominación de origen lograda este año, después de una larga lucha.
Este es un ejemplo de la consolidación de un festival, sustentado en un producto, con mejora en su promoción año con año, con participación internacional.
Aunque en menor medida, pero algo similar ocurre con el Festival del Queso en Tenosique. Ha presentado avances anuales en su organización y una sede más cómoda, climatizada que se ve reflejado en una mayor asistencia de visitantes y participantes de productores de otras naciones. Se quita el caparazón de ejidal para adquirir otra estatura.
Sin embargo, hay un tercer caso que comenzó pujante y va para atrás, como los deliciosos cangrejos que se degustan en sus restaurantes, se trata del Festival del Ostión en Paraíso con un un lamentable retroceso este año en su sede y organización.
En el 2015 se celebró en el malecón de Puerto Ceiba, un área con piso de cemento y una amplio espacio, mientras que el de este año se trasladó a un sitió más pequeño, un montasal con piso de arena y mosquitos para comer en el sitio y para llevar, y sin el atractivo de los artistas locales que amenizaban los anteriores ediciones.
De repetirse este escenario para el 2017, está asegurado su fracaso.
En un punto intermedio se ubica el Festival de la Butifarra en Jalpa de Méndez, donde la pobre organización de la primera edición es rescatada por el producto mismo, ya acreditado.
Este año el evento ofreció tamaños para ir creciendo y convertirse en un festival de mayor magnitud en las próximas ediciones.
El Festival de la Jaiba en Frontera en su tercera edición ha dado tumbos: primero se organizó en el barrio de San Román, luego en la Deportiva de la Cabecera y este año se trasladó el evento a la Villa Cuauhtémoc, sin que logre prender en el número de visitantes.
La causa es la misma, con pésima organización, sedes infuncionales e incómodas y una constante: platillo tradicional preparado en unos casos para carnitas, que solo logran una revoltura del crustáceo no lavado apropiadamente para presentar un aspecto final nada atractivo a los comensales de otras latitudes que demandan asepsia y una mejor vista de los platillos.
Han sido tres años consecutivos de mala promoción que será difícil revertir en el futuro. Este es el primer caso de un festival nacido muerto.
El Festival del Topen en Ocuiltzapotlán ha sido hasta el momento una vacilada. El primer año ni siquiera contaron con producto local y hubo de ir a comprarlo a Centla. Este año ya tuvieron buena pesca, pero este es otro caso que pretenden llamar festival a una especie de quermes escolar o de la iglesia de la colonia.
Se apilan los puestos en el parque central, sin ton ni son y se pretende que con ponerle el nombre de Festival, por sí solo se acreditará.
Y posiblemente el más patético es el Festival del Tamal de la colonia Tamulté en Villahermosa, montado, que no organizado, en el parque central, con unas mesas para albergues, sin sanitarios ni sitios apropiados para lavarse las manos.
Esta año su desastre lo patentiza la ausencia de expositores de otros estados, que salieron huyendo luego de la lamentable experiencia del año pasado. No vieron futuro y prefirieron no venir a Villahermosa a perder tiempo y dinero.
En varios de los fallidos festivales se observa una descoordinación y no colaboración de la Dirección de Turismo estatal con los Ayuntamientos y los expositores.
Las tres instancias deben saber cuál es la que regatea participación y apoyo. Quizá otro resultado se lograría si el director Agustín de la Cruz en lugar de asistir con tanto guarura -que parecen más bien edecanes de pantalones- acudiera con promotores, organizadores y asesores, para orientar a los expositores.
TIEMPO FUERA.- ¿Y el libramiento, apá?
No que se inauguraba a finales de octubre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.