lunes, 19 de septiembre de 2011

Opinión: Francisco Peralta Burelo / Sep 19

(Publicado en el Diario Tabasco Hoy)

¿Garante de elecciones democráticas?

Hasta antes de la gubernatura de Roberto Madrazo Pintado los gobernadores de los estados del país no le ponían candidato a gobernador al PRI y menos dejaban sucesor. Esa era una regla no escrita de los viejos cánones priistas que se cumplía rigurosamente. Era el Presidente de la República --priista entonces-- el que ponía --y si era menester imponía-- al candidato a gobernador, al que, tras una elección de trámite (o fraudulenta), dejaba al frente del gobierno de su estado. Así ocurrió, inclusive, hasta el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, aunque con la única excepción de Tabasco, en donde el Presidente no puso ni candidato ni gobernador, dado que esto lo hizo el propio gobernador Madrazo. A Roberto Madrazo no se le veía como quien pondría al candidato del PRI y al gobernador de Tabasco, puesto que tal facultad se atribuía al Presidente de la República. Y él en tales condiciones no tenía por qué fijar ninguna posición al respecto, por lo que nunca tuvo que desmarcarse de la decisión, que por tradición era exclusivamente presidencial. Sin embargo Roberto Madrazo no solamente puso sino que impuso candidato y gobernador, rompiendo la vieja regla. Manuel Andrade, en su caso, ya cuando todos los gobernadores priistas dejaban sucesor (a menos que perdieran la elección constitucional), tuvo condiciones favorables para poner, pero no para imponer --como él mismo reconocería tiempo después-- a quien lo sucedería en la gubernatura. Con el derecho consolidado de poner candidato y gobernador por parte de los gobernadores priistas, Andrés Granier Melo declaró (recién asumida la gubernatura) que él no impondría sucesor y que al candidato del PRI lo designaría la gente (y los priistas). Quizá pocos prestaron importancia a sus palabras, tal vez algunos no creyeron en ella, seguramente hubo quienes estimaran que no podría rehuir a esa responsabilidad, por lo que a fin de cuentas tendría que tomar la decisión de decir quién iba por su partido a la candidatura gubernamental. Durante su mandato Granier Melo insistiría en el "yo no tengo candidato" y en el "yo no voy a tomar esa decisión". Viendo lo que sucedía, en donde el CEN del PRI validaba la práctica de que gobernador pone gobernador, habría que concluir que terminaría haciendo lo mismo que aquellos: poner a su presunto sucesor. Los Tabasqueños como que no le tomaban la palabra, pese a su insistencia. Ahora nuevamente ha incidido en el tema, sosteniendo la misma postura. "Será responsabilidad de cada partido la postulación de sus candidatos", y "prevalecerá democracia y libertad en elecciones", añadiría esta vez. Es más, asumiría que "es una responsabilidad que tengo y (que) la voy a cumplir. Porque así llegué y así me voy a ir". ¿Habrá que creerle, a fuerza de tanto repetirlo él, que Andrés Granier no le podrá candidato a gobernador al PRI?. Pues habrá que empezárselo a creer, si se mantiene firme.

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