Leo Zuckermann 16/03/2015 01:56 / Publicado en el Diario Excélsior
Hoy es día de asueto: celebramos el natalicio de don Benito Juárez, en mi opinión el más grande héroe de la historia de nuestro país. Todos los mexicanos sabemos que el Presidente de origen zapoteco tuvo una gran compañera a lo largo de su compleja vida: doña Margarita Maza. Su nombre se encuentra escrito en letras de oro en la salón de sesiones de la Cámara de Diputados, uno de los mayores honores que cualquier mexicano puede recibir. Fue el presidente Gustavo Díaz Ordaz el que, en diciembre de 1966, envió al Congreso el decreto para inscribir en letras de oro el nombre de doña Margarita. Desgraciadamente, la justificación de dicha iniciativa es insoportablemente machista: se le otorga el honor por ser la abnegada esposa del Benemérito de las Américas. Recupero aquí algunas citas del ridículo pensamiento de Díaz Ordaz sobreMargarita Maza:
“Presento al ilustrado criterio del H. Congreso de la Unión la presente iniciativa por la cual se aspira a exaltar la memoria de doña Margarita Maza de Juárez y de rendir a su acendrado patriotismo parte del justísimo homenaje que le debemos los mexicanos por su callada, activa, inquebrantable y abnegada participación en largos años de prueba para la República, años en que ésta confirmó sus títulos en la Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma y la desigual lucha contra la intervención extranjera y el falso Imperio”.
“En doña Margarita Maza de Juárez concurrieron las más delicadas prendas de mujer y la más conmovedora consagración a quien la hizo su esposa y con el que compartió, no nada más el dramático destino de un hogar castigado por las tribulaciones familiares, sino, ininterrumpidamente y de principio a fin, la inmensa tarea nacional del Benemérito Benito Juárez”.
“No descolló, como otras heroínas de nuestra historia, en acciones que la singularizasen en ninguna área que no fuese la de hacerse gemela, por su humana grandeza y su estoica sencillez, de quien identificó en sí y encarnó la suerte de México en un instante capital de su marcha”.
“Cuenta la crónica que su viaje de Veracruz a la capital fue triunfal y que el pueblo la recibió en cada estancia con homenaje de flores. Era la dama de México, encarnación también de México en un grado excelso, y la evocó en su dramático existir vestida siempre de luto, aun en el día en que su Patria volvió a ser la que sonó con el Benemérito, libre y soberana”.
“Esa fue la mujer a cuya augusta memoria deseo que rindamos homenaje, para que su ejemplo perpetúe las virtudes más entrañables de la mujer mexicana y la retrate en las futuras generaciones. ¡Margarita Maza de Juárez, símbolo de tantas y tantas mujeres —Madres, esposas, hermanas, hijas— que supieron cumplir, en grado heroico, sus sagrados deberes para con la Patria, más sublimes cuanto más silencioso e ignorado fue su heroísmo!”.
Seguramente este tipo de pensamiento era el dominante a mediados de los sesenta en México: una gran mujer era aquella dama silenciosa que abnegadamente seguía los pasos de su marido: la absurda idea de que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Para Díaz Ordaz, los méritos de doña Margarita fue haber sido una segundona de don Benito y haber compartido tantas penurias de manera estoica. Peor aun, esto debía ser el ejemplo para las mujeres mexicanas del siglo XX.
Desde luego que esto suena absolutamente ridículo y anacrónico en nuestras épocas. Yo no tengo la menor duda de que doña Margarita Maza merece que su nombre esté en letras de oro en la Cámara de Diputados pero por sus méritos propios: como una mujer de vanguardia en el siglo XIX comprometida con los ideales y valores de una República liberal. Sirva este aniversario del natalicio deBenito Juárez para recordarla por su propia luz, por su propia grandeza, y no por las boberías que pensaba Díaz Ordaz de ella.
Twitter: @leozuckermann
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