martes, 11 de agosto de 2015

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“¡Ya se los cargó la chingada..!”

Paradoja: ya hasta nos congratulamos de que nos asalten y salgamos vivos e indemnes.
Francisco Garfias 11/08/2015 01:41 / Publicado en el Diario Excelsior

“¡Ya se los cargó la chingada..!”
Dos mozalbetes nos asaltaron a mano armada el pasado domingo en avenida Parque Lira. justo frente a la delegación Miguel Hidalgo. Iba con mi hijo de Viaducto hacia Reforma, rumbo al deportivo Mundet. Comida familiar.
Nos tocó el alto en el cruce con avenida Vicente Eguía. Esperábamos distraídamente la luz verde cuando se nos apareció el chamuco. “Ya se los cargó la chingada…”, fue lo primero que escuché.
Vi un revólver pequeño y la mano de uno de los atracadores del lado del asiento del piloto luego la de otro junto a mi ventana con otra pistola en la mano.
Entendí de inmediato. Soy un veterano, un cliente de los cacos, trabajo extraoficialmente para ellos.
Llevo cuatro asaltos desde diciembre del 2011. Frecuencia anómala. Tres a bordo del automóvil, siempre a mano armada, y un robo a casa-habitación, mientras estaba convaleciente en un hospital.
A los dos nos encañonaron. A mi hijo en las costillas. Llevaba la ventana abierta. A mí me apuntó en la cabeza. El quemacocos iba abierto. Eran las 14:41 horas. Hacía calor.
Lo primero que escuché: “Ya se los cargó la chingada…”.
Y luego los gritos:
¡El reloj! ¡El reloj ¡La cartera! ¡La cartera! ¡El celular!
La luz del semaforo estaba en rojo. Los automóviles que nos rodeaban comenzaron a accionar el claxon. Empezó uno, luego otro y otro. En segundos eran muchos. Pitaban al mismo tiempo. Ruido infernal. Buscaban llamar la atención sobre lo que presenciaban.
Eso puso mas nerviosos a los delincuentes. Se multiplicaron las amenazas de muerte. “Si no te apuras te mato” ¡rápido! ¡rápido cabrón!
El brazalete del reloj no abría completamente. La intensidad de los gritos era cada vez mayor. “¡Tranquilo!”, le dije. “¡Ya dámelo o disparo!”, reviró.
Cedió el brazalete. Alivio. Me saqué el reloj. Se lo di. La cartera también. Adiós tarjetas, dinero (traía como tres mil pesos en efectivo) credencial del IFE, del Senado, de prensa, del Palacio de Hierro y vouchers, muchos vouchers.
A mi hijo le arrebataron también el celular. El mío se salvó porque estaba en el asiento, entre las piernas. No lo vieron.
Los hijos de Gestas se fueron cuando nos dejaron limpios. Corrieron con el botín hacia la banqueta para perderse entre las calles. Ni un policía en la zona. Tampoco patrullas. Nadie que interviniera. La pesadilla duró no más de un minuto. Para nosotros una eternidad. Pero estábamos vivos y sin un resguño.
Paradoja: ya hasta nos congratulamos de que nos asalten y salgamos vivos e indemnes. Sabemos de muchos que no han corrido con la misma suerte.
Pero al consuelo de estar vivos siguió un sentimiento de rabia, de impotencia, de indignación. La autoridad no puede con la delincuencia. Es la triste realidad.
No es seguro andar en la vía pública ni a la mitad del día.
Cuatro asaltos que son un mentís a las estadísticas. Las dos veces que he presentado denuncia de poco ha servido. No he recuperado nada.
Esta vez le han echado más ganas. Me consta. Pero todavía no hay resultados.
  • Cuenta un diputado veracruzano que en 2013, cuando Rubén Espinosapresentó en Veracruz una denuncia ante la Fiscalía Especializada en Delitos contra la Libertad de Expresión, le aconsejó a Javier Duarte buscar personalmente al fotoperiodista para apapacharlo y preguntarle quién y cómo lo habían agredido.
El anónimo legislador le advirtió, entonces, al gobernador de Veracruz que si algo le ocurría a Espinosa, la denuncia se iba a revertir contra él.
Pero Duarte, en su soberbia, no hizo ningún caso.
¿Premonición? Los asesinatos de Espinosa y cuatro mujeres, entre ellas la activista Nadia Vera, tienen al gobernador en el hoyo.
Los dedos que lo señalan como responsable del quíntuple homicidio lo han obligado a salir a defenderse.
Ayer mismo nos enteramos que está dispuesto declarar ante la PGJDF sobre el caso.
La diligencia se llevará a cabo en Veracruz. La declaración la hará Duarte en calidad de testigo, derivado de la línea de investigación de la actividad profesional de Espinosa, y el activismo de Nadia Vera, según la tarjeta informativa de la PGJDF.
El gobernador, por separado, reconoció que ha habido 11 periodistas asesinados en Veracruz.
“Hemos realizado grandes esfuerzos como gobierno para generar condiciones necesarias para el libre y seguro ejercicio de la libertad de expresión”, aseveró en rueda de prensa.
Espinosa vivió dos años más en Veracruz realizando su normalmente vida cotidiana. El único incidente de que se tiene conocimiento ocurrió en una marcha que se llevaba a cabo en Xalapa, el 8 de junio de 2015.
“Ahí recibió agresiones verbales y físicas por parte de manifestantes encapuchados que arremetieron contra él y otros reporteros”, explicóDuarte.
Días después, el fotoperiodista decidió refugiarse en la Ciudad de México, pero encontró la tumba.

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