Manuel Rodríguez González
"El Regreso de Obama a la Lucha
Política con el Presupuesto 2016".
Contra todos los pronósticos, ante la derrota del Partido Demócrata en las elecciones legislativas del 14 de noviembre de 2014, que convirtió a Barack Obama en un “lame duck” (pato cojo), término que en la política estadounidense es utilizado para designar al presidente que, en su última etapa, pierde influencia y capacidad de maniobra; está de vuelta, revelando que su legado aún no está escrito, con varias acciones presidenciales audaces, en materia migratoria, cambio climático, y el restablecimiento de las relaciones entre Washington y la Habana; además las tensiones en Rusia y la posición beligerante de Vladímir Putin, reivindican la efectividad de las sanciones que impuso, en respuesta a las incursiones rusas en Ucrania; estas decisiones reflejan su nueva estrategia de gobernar, basada en acciones inteligentes, instrumentadas de manera unilateral, sin tomar en cuenta al Congreso dominado por los Republicanos, en donde predomina una política de obstrucción hacia su gobierno, dejando muy en claro a sus detractores y contrincantes políticos que el poder presidencial está vigente y sirve para algo.
Pero su marcha para recuperar la imagen política de su gobierno y su partido, no tiene respiro, con la presentación de un presupuesto de 3, 99 billones de dólares para el año fiscal 2016, Barack Obama, en un contexto donde las cifras macroeconómicas crecen y el desempleo baja, lo cual se ha traducido en una mejoría en las encuestas sobre su gestión; Obama está demostrando que la negociación del presupuesto es una tarea netamente de orden político, más que financiera; fijando un escenario para entablar una batalla con los republicanos, proponiendo y lanzando programas con el propósito de fortalecer a la clase media, financiado con alzas impositivas; es decir, con la aplicación de mayores impuestos a las empresas y a los estadounidenses de mayores ingresos; subrayando de esta manera, las prioridades de los demócratas para el último cuarto de su mandato y el comienzo de la campaña presidencial de 2016.
El presupuesto además considera una reducción del déficit de 1,8 billones de dólares durante los próximos 10 años, fijándose el reto de ubicarlos hasta en un 3% del PIB; y también estabilizar la deuda; para lograrlo ha planteado “sustituir la austeridad sin sentido por reformas inteligentes”, con el pago de las nuevas inversiones; y con 1.8 billones de dólares conseguidas con las reformas en salud, impuestos e inmigración. La propuesta va a acompañada de una reforma tributaria para premiar a la clase trabajadora; así como nuevas inversiones en el terreno de la educación, la propuesta de un nuevo banco para la infraestructura, un aumento del 6 % en investigación y desarrollo, así como 14 millones de dólares para fortalecer las defensas de ciberseguridad de Estados Unidos tras las serie de recientes ataques informáticos de alto perfil. Sin embargo, esta propuesta que tiene un gran contenido político, y una ruta fiscal, requiere la aprobación del Congreso controlado por los republicanos para entrar en vigor, algo que perece muy difícil, pero no imposible como veremos más adelante
El presupuesto 2016, presentado por Barack Obama, tiene un componente que vale destacar por separado, y nos referimos a la reducción de la evasión fiscal, que en la actualidad alcanza una cifra de enorme brutalidad por 2.1 billones de dólares; y representa las fortunas amasadas por empresas como Google, Microsoft, General Electric, Apple, Pfizer, que son “escondidos” en los paraísos fiscales, utilizando a ingenieros fiscales a sus servicios que aprovechan las ventajas acordadas de apilar en el extranjero las ganancias logradas en otros países. Ante esta apropiación privada de los beneficios del crecimiento económico, Obama manifestó que es tiempo de introducir la justicia y hacer pagar a las empresas lo que tienen que pagar, fijándoles un impuesto del 14 por ciento sobre los montos de dinero repatriado a Estados Unidos y un gravamen del 19 por ciento sobre las utilidades foráneas futuras de las compañías estadounidenses.
Con la liquidez que el Estado americano espera recaudar a través de esta vía, será usado para financiar, en parte, un plan ambicioso de renovación de las infraestructuras, que se llevara a cabo durante un periodo de 6 años y costara 468 mil millones de dólares, y con ello reforzar la tendencia al alza del PIB y continuar abatiendo el desempleo.
De bote pronto, nos podríamos inclinar a pensar que las propuestas ambiciosas del presidente Barack Obama, serán aplastadas por la mayoría republicana en el Congreso. Es altamente probable que vayan a desechar paneles invocados en el presupuesto, pero les será muy difícil eliminar todo. De hecho, esta propuesta de Presupuesto es también una trampa política puesta a los republicanos. Trataré de explicar porque.
Las propuestas del presidente estadounidense, ha caído como un balde de agua fría para los republicanos, quienes confiados en su mayoría en el Congreso, se sumieron en una estrategia basada en la parálisis legislativa con el rechazo sistemático de las iniciativas presidenciales; además, el presupuesto confeccionado bajo el crecimiento económico, es una cachetada a los defensores europeos de la austeridad, como la canciller alemana Angela Merkel, cuyas políticas económicas impuestas a Grecia, los ha condenado y aplastado.
Después de la derrota en las elecciones legislativas, Obama se ha centrado en afrontar el más grande reto de Estados Unidos, que es la pronunciada acumulación de riquezas en unas cuantas manos y el empobrecimiento imparable de las clases medias y populares, fenómeno que no había estado tan marcado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Obama en su discurso sobre El Estado de la Unión, establece las prioridades de los demócratas, basada en una visión clara, centrada en la clase media y el crecimiento económico, lo cual obliga y acorrala a los legisladores republicanos para entablar una conversación productiva y avanzar en tal sentido; Obama les pidió no entrar en una nueva pelea política como la que están protagonizando en los últimos meses, diciéndoles: “Si tienen otras ideas sobre cómo mantener América segura, hacer crecer nuestra economía, o ayudar a la clase media trabajadora, les doy la bienvenida", además, señaló que lo que no se puede hacer es mantener “juegos políticos”, con la seguridad de la gente, haciendo una llamado a los legisladores conservadores para no poner en peligro la Seguridad Nacional, rematando que hasta que se aprueban los nuevos fondos los únicos perjudicados serán "los americanos que trabajan por mantenernos seguros".
En el seno del estado mayor del partido republicano, saben con claridad que si la corriente de los liberales y de los simpatizantes del Partido del Té se oponen férreamente al proyecto de Obama, las posibilidades de que el candidato demócrata, gane las elecciones presidenciales de 2016, aumentarán. Sin perder de vista que los agitados posicionamientos de los miembros más neoliberales de los republicanos, están convenciendo a los hispanos de votar por los demócratas; y si se les suma el apoyo de las clases medias, el triunfo del partido de Barack Obama estaría a la vuelta de la esquina.
Ante este ambicioso proyecto con una ruta política y fiscal que se empieza a configurar en el vecino país del norte, en México donde se registra de acuerdo a la OCDE, una de las más bajas recaudaciones a nivel mundial, menos del 10 por ciento del PIB, y con una evasión del 30 y 40 por ciento; y una clase política sumida en el desprestigio por no hacer prevalecer el Estado de Derecho y verse envuelta en escándalos por el conflicto de intereses en su gobierno, ni por accidente se les ocurre una reforma de fondo que grave a los grandes capitales nacionales y extranjeros, que gozan de grandes privilegios fiscales para no pagar impuestos y llevar sus ganancias integras fuera del país. La imaginación y los intereses de nuestro Gobierno, no les alcanza para sustituir la austeridad sin sentido por reformas inteligentes, decretando únicamente recortes presupuestales que inhiben el crecimiento y la inversión, esperando únicamente que los precios internacionales del petróleo se recuperen. Usted amigo lector, que con sus impuestos paga los salarios de la clase gobernante del país, tiene la última palabra.
Manuel Rodríguez González
Presidente de la Fundación Vital, equilibrio por la Naturaleza y del
Movimiento de Renovación Global.
www.manuelrodriguez.mx
Contra todos los pronósticos, ante la derrota del Partido Demócrata en las elecciones legislativas del 14 de noviembre de 2014, que convirtió a Barack Obama en un “lame duck” (pato cojo), término que en la política estadounidense es utilizado para designar al presidente que, en su última etapa, pierde influencia y capacidad de maniobra; está de vuelta, revelando que su legado aún no está escrito, con varias acciones presidenciales audaces, en materia migratoria, cambio climático, y el restablecimiento de las relaciones entre Washington y la Habana; además las tensiones en Rusia y la posición beligerante de Vladímir Putin, reivindican la efectividad de las sanciones que impuso, en respuesta a las incursiones rusas en Ucrania; estas decisiones reflejan su nueva estrategia de gobernar, basada en acciones inteligentes, instrumentadas de manera unilateral, sin tomar en cuenta al Congreso dominado por los Republicanos, en donde predomina una política de obstrucción hacia su gobierno, dejando muy en claro a sus detractores y contrincantes políticos que el poder presidencial está vigente y sirve para algo.
Pero su marcha para recuperar la imagen política de su gobierno y su partido, no tiene respiro, con la presentación de un presupuesto de 3, 99 billones de dólares para el año fiscal 2016, Barack Obama, en un contexto donde las cifras macroeconómicas crecen y el desempleo baja, lo cual se ha traducido en una mejoría en las encuestas sobre su gestión; Obama está demostrando que la negociación del presupuesto es una tarea netamente de orden político, más que financiera; fijando un escenario para entablar una batalla con los republicanos, proponiendo y lanzando programas con el propósito de fortalecer a la clase media, financiado con alzas impositivas; es decir, con la aplicación de mayores impuestos a las empresas y a los estadounidenses de mayores ingresos; subrayando de esta manera, las prioridades de los demócratas para el último cuarto de su mandato y el comienzo de la campaña presidencial de 2016.
El presupuesto además considera una reducción del déficit de 1,8 billones de dólares durante los próximos 10 años, fijándose el reto de ubicarlos hasta en un 3% del PIB; y también estabilizar la deuda; para lograrlo ha planteado “sustituir la austeridad sin sentido por reformas inteligentes”, con el pago de las nuevas inversiones; y con 1.8 billones de dólares conseguidas con las reformas en salud, impuestos e inmigración. La propuesta va a acompañada de una reforma tributaria para premiar a la clase trabajadora; así como nuevas inversiones en el terreno de la educación, la propuesta de un nuevo banco para la infraestructura, un aumento del 6 % en investigación y desarrollo, así como 14 millones de dólares para fortalecer las defensas de ciberseguridad de Estados Unidos tras las serie de recientes ataques informáticos de alto perfil. Sin embargo, esta propuesta que tiene un gran contenido político, y una ruta fiscal, requiere la aprobación del Congreso controlado por los republicanos para entrar en vigor, algo que perece muy difícil, pero no imposible como veremos más adelante
El presupuesto 2016, presentado por Barack Obama, tiene un componente que vale destacar por separado, y nos referimos a la reducción de la evasión fiscal, que en la actualidad alcanza una cifra de enorme brutalidad por 2.1 billones de dólares; y representa las fortunas amasadas por empresas como Google, Microsoft, General Electric, Apple, Pfizer, que son “escondidos” en los paraísos fiscales, utilizando a ingenieros fiscales a sus servicios que aprovechan las ventajas acordadas de apilar en el extranjero las ganancias logradas en otros países. Ante esta apropiación privada de los beneficios del crecimiento económico, Obama manifestó que es tiempo de introducir la justicia y hacer pagar a las empresas lo que tienen que pagar, fijándoles un impuesto del 14 por ciento sobre los montos de dinero repatriado a Estados Unidos y un gravamen del 19 por ciento sobre las utilidades foráneas futuras de las compañías estadounidenses.
Con la liquidez que el Estado americano espera recaudar a través de esta vía, será usado para financiar, en parte, un plan ambicioso de renovación de las infraestructuras, que se llevara a cabo durante un periodo de 6 años y costara 468 mil millones de dólares, y con ello reforzar la tendencia al alza del PIB y continuar abatiendo el desempleo.
De bote pronto, nos podríamos inclinar a pensar que las propuestas ambiciosas del presidente Barack Obama, serán aplastadas por la mayoría republicana en el Congreso. Es altamente probable que vayan a desechar paneles invocados en el presupuesto, pero les será muy difícil eliminar todo. De hecho, esta propuesta de Presupuesto es también una trampa política puesta a los republicanos. Trataré de explicar porque.
Las propuestas del presidente estadounidense, ha caído como un balde de agua fría para los republicanos, quienes confiados en su mayoría en el Congreso, se sumieron en una estrategia basada en la parálisis legislativa con el rechazo sistemático de las iniciativas presidenciales; además, el presupuesto confeccionado bajo el crecimiento económico, es una cachetada a los defensores europeos de la austeridad, como la canciller alemana Angela Merkel, cuyas políticas económicas impuestas a Grecia, los ha condenado y aplastado.
Después de la derrota en las elecciones legislativas, Obama se ha centrado en afrontar el más grande reto de Estados Unidos, que es la pronunciada acumulación de riquezas en unas cuantas manos y el empobrecimiento imparable de las clases medias y populares, fenómeno que no había estado tan marcado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Obama en su discurso sobre El Estado de la Unión, establece las prioridades de los demócratas, basada en una visión clara, centrada en la clase media y el crecimiento económico, lo cual obliga y acorrala a los legisladores republicanos para entablar una conversación productiva y avanzar en tal sentido; Obama les pidió no entrar en una nueva pelea política como la que están protagonizando en los últimos meses, diciéndoles: “Si tienen otras ideas sobre cómo mantener América segura, hacer crecer nuestra economía, o ayudar a la clase media trabajadora, les doy la bienvenida", además, señaló que lo que no se puede hacer es mantener “juegos políticos”, con la seguridad de la gente, haciendo una llamado a los legisladores conservadores para no poner en peligro la Seguridad Nacional, rematando que hasta que se aprueban los nuevos fondos los únicos perjudicados serán "los americanos que trabajan por mantenernos seguros".
En el seno del estado mayor del partido republicano, saben con claridad que si la corriente de los liberales y de los simpatizantes del Partido del Té se oponen férreamente al proyecto de Obama, las posibilidades de que el candidato demócrata, gane las elecciones presidenciales de 2016, aumentarán. Sin perder de vista que los agitados posicionamientos de los miembros más neoliberales de los republicanos, están convenciendo a los hispanos de votar por los demócratas; y si se les suma el apoyo de las clases medias, el triunfo del partido de Barack Obama estaría a la vuelta de la esquina.
Ante este ambicioso proyecto con una ruta política y fiscal que se empieza a configurar en el vecino país del norte, en México donde se registra de acuerdo a la OCDE, una de las más bajas recaudaciones a nivel mundial, menos del 10 por ciento del PIB, y con una evasión del 30 y 40 por ciento; y una clase política sumida en el desprestigio por no hacer prevalecer el Estado de Derecho y verse envuelta en escándalos por el conflicto de intereses en su gobierno, ni por accidente se les ocurre una reforma de fondo que grave a los grandes capitales nacionales y extranjeros, que gozan de grandes privilegios fiscales para no pagar impuestos y llevar sus ganancias integras fuera del país. La imaginación y los intereses de nuestro Gobierno, no les alcanza para sustituir la austeridad sin sentido por reformas inteligentes, decretando únicamente recortes presupuestales que inhiben el crecimiento y la inversión, esperando únicamente que los precios internacionales del petróleo se recuperen. Usted amigo lector, que con sus impuestos paga los salarios de la clase gobernante del país, tiene la última palabra.
Manuel Rodríguez González
Presidente de la Fundación Vital, equilibrio por la Naturaleza y del
Movimiento de Renovación Global.
www.manuelrodriguez.mx
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