domingo, 22 de agosto de 2010

Opinión: Víctor Manuel Barceló R / Ago 22

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Las cuencas hidrológicas y el Desarrollo Nacional.

El fin de semana tuve el agrado de participar –en combinación con mi amigo el Ing. Juan Wiley, especialista en el tema- en el Seminario “Cuencas en Tabasco: agua, ingeniería y sociedad”, organizado al alimón, por la Asociación de Ingenieros Civiles de Tabasco y la “Red de Investigadores sobre Agua en la frontera México-Guatemala-Belice”. En tal marco dialogamos acerca del manejo de cuencas y su influencia en el desarrollo regional. Nuestra primera precisión fue: “las cuencas hidrológicas tienen como límites, el escurrimiento de cualquier precipitación pluvial, desde su inicio hasta la conducción a su destino final”. Por ello es importante, el estado físico de ellas, que de no sufrir modificaciones, gradualmente generará un comportamiento previsible, basado en datos hidrometeorológicos de estaciones, diseminadas estrátegicamente en su área, asi como en aforos de las corrientes que las drenen. Ello garantiza desarrollos de valles y planicies costeras, anegadas anualmente.

Tales datos permiten el uso y manejo del agua, en la proyección de: presas, distritos de riego y drenajes; desarrollos agropecuarios, forestales, acuacultura, turismo y, sobre todo, reordenamientos territoriales para viviendas y zonas industriales, con vías de comunicación adecuadas. Todos, desarrollos y aprovechamientos sustentables.

La segunda insistencia fue: sin un manejo adecuado del agua, Tabasco –por donde corre 30% del agua superficial del país- no tiene ni tendrá perspectivas serias y constantes de crecimiento económico y social. Cualquier proyecto, en casi cualquier actividad productiva, que no se apoye en un Plan Hidráulico sustentable, está condenado al fracaso en nuestro territorio. Lo mismo puede afirmarse de diversas regiones del país.

Se hizo énfasis en la experiencia de manejo del agua, desde los cincuenta del siglo XX. Fue cuando el gobierno federal -lo expresa claramente Wiley- reconociendo que esta no obedece límites estatales ni internacionales, reforzó las comisiones de límites y aguas internacionales y creó las comisiones ejecutivas para las principales cuencas hidrológicas del país, entre otras las de los ríos: Grijalva, Papaloapan, Pánuco, Balsas y el Fuerte. Algunas operaron con un vocal ejecutivo, representando al Presidente de la República -a través del secretario de Recursos Hidraúlicos- un vocal secretario, con representación de los secretarios del Patrimonio Nacional y de Hacienda, manejando fondos de subsidio para planear el desarrollo integral de las cuencas bajo su jurisdicción.

Esta planeación, originaría proyectos de obras a realizarse anualmente, por cada una de las dependencias federales presentes en la zona. En caso de que sus presupuestos no alcanzaran para realizar alguna, la Comisión aportaba los recursos para la obra faltante, a fin de concretar, en tiempo y forma, las obras programadas. Estas Comisiones pronto dejaron de cumplir sus funciones. Los puestos de vocal ejecutivo y vocal secretario, fueron dados, -en el mejor de los casos- a ex gerentes de construcción de la Secretaría de Recursos Hidráulicos; en otros, a políticos sin conocimientos. Los ex gerentes de construcción, iniciaron su planeación, ampliaron el cúmulo de estaciones climatológicas teniendo comunicación permanente, vía radio. Sus datos, previamente analizados, servían para proyectar y programar las obras a realizar, a través de las diferentes dependencias. Pero, su formación profesional, trastocó su tarea de ejecutivos en ejecutores. Teniendo los proyectos y el dinero, realizaron directamente las obras, casi siempre sin tomar en cuenta a las otras dependencias. Las dependencias relegadas hicieron su propia planeación, creandose las condiciones actuales, donde el quehacer de una, dependencia, anula la obra de otra.

Las cuencas hidrológicas traspasaban límites estatales -había algunas con territorio de tres estados-. El poder económico y político de los vocales ejecutivos, conflictuaba a los gobernadores en sus entidades. De allí que los gobernadores, apoyados en el federalismo, pugnaran por desaparecer a las comisiones ejecutivas de las cuencas hidrológicas; lográndolo en enero de 1977, durante el gobierno de José Lopez Portillo.

Allí se canceló la posibilidad real de manejos adecuados, de cuencas hidrológicas del país y de agua, en los distritos de riego, al desaparecer, paralelamente, la Secretaria de Recursos Hidraúlicos, perdiéndose: programas de medición del agua y estadísticas de producción agrícola, base de la programación en los distritos de riego del país. Por ello y la escaces de recursos, prácticamente ha desaparecido la hidrometría en el país. Las escasas estaciones climatológicas están desmanteladas; en los distritos de riego, los aforos, son nulos o escasos, y las proyecciones de obras se basan en datos estadísticos del pasado, que, con el cambio climático, han variado. Hoy llueve donde la lluvia era nula o escasa. El trópico húmedo, resiente sequías inusuales. En ambos casos, falta infraestructura para resistir efectos y estar preparados para emergencias.

Por otra parte, las cuencas hidrológicas sufren contínua transformación por: desmonte despiadado; cambio del uso del suelo; drenaje de extensos vasos reguladores, tanto en el altiplano, como en planicies costeras. Todo ello ha modificado radicalmente el comportamiento de los escurrimientos pluviales, incrementando sus gastos y disminuyendo sus tiempos de concentración y traslado, originando inundaciones catastróficas a su paso.

Tratando de mitigar la falta de autoridad rectora, que la CONAGUA tiene en el manejo del recurso, creo los Consejos de Cuencas, en forma parecida a los Consejos directivos de los comités agrícolas de los distritos de riego. Pero cometió el error de dividir las cuencas políticamente. En cada estado, el gobernador tiene voz y voto y sus acuerdos van enfocados hacia el desarrollo y protección de su entidad, sin tomar en cuenta a su vecino. A la fecha, no se conoce un programa sexenal de un estado, basado en la protección de las cuencas hidrológicas a que pertenece. Esto nos lleva, a insistir, que las programaciones en zonas bajas -en cuanto a protección y manejo del agua- debe ser dinámica y previendo las grandes avenidas y sus lapsos de sequia.

Como posible solución y utilizando al máximo el organigrama que actualmente tiene la CONAGUA, con Wiley propusimos lo siguiente:

1.- Establecer Acuerdos entre gobernadores, de los estados de una cuenca en común, similares a los Tratados que se suscriben en la Comisión de límites de aguas internacionales, de manera que el cuidado y uso de las cuencas, juegue papel principal en planes sexenales de desarrollo. 2.- Que la “Conagua” restablezca y opere las estaciones climatológicas y de aforos, con comunicación permanente. 3.- Que “Conagua” elabore nuevas estadísticas hidrológicas del país y no base recomendaciones en promedios del pasado, cuyos datos no concuerdan con la situación actual, tanto por condiciones físicas y usos del suelo en las cuencas, como debido al radical cambio climático, fundamentalmente en la distribución de las lluvias en el país. 4.- Que se planifique el manejo integral del agua y no se recurra a figuras populistas como el “Plan hidrico, o “pici” –Plan integral contra inundaciones– que se impusieron a Tabasco, sin resultados palpables. Este “Plan” –hoy modificado- tiene como meta construir muros y drenar agua hacia el mar. De concretarse, puede causar una catástrofe ecológica en el Estado, para el estiaje, provocando que se sequen ríos, lagunas, pantanos y humedales.

Un verdadero Plan Hidráulico –como el desarrollado desde 1999 en base al del Ing. Leandro Rovirosa- tendría como prioridad, el uso y manejo adecuado del recurso agua, durante y después de su tránsito por el estado, proyectando y construyendo obras de control, como las que propone el Ing. Wiley, que permitan:

Utilizar el agua para elevar la producción (riego en diversas modalidades);

Mantener níveles de lagunas, pántanos y húmedales, mediante vertedores de demasías que permitan el tránsito del agua en las crecientes y un nível adecuado en el estiaje.

Obras de control en los ríos Carrizal y Samaria, bifurcadores del Mezcalapa, que dosifiquen gastos hacia esos cauces, mediante un vertedor de demasías en el Samaria -antes de la compuerta del “Macayo”-. Llevar el agua sobrante hacia un cause de alivio suficiente para deshalojar un gasto de 1, 000 m3/seg., o mayor.

Manejo adecuado de extracciones de la presa “Peñitas”, con gasto constante durante las 24 horas del dia y absorver, los picos de la demanda de energía con generación de la presa “Netzahualcoyotl” o “Raudales”. Así terminarían los vaivenes en las alturas de los tirantes de los ríos mencionados; evitando los “caidos” de sus taludes.

En el resto de ríos, establecer vías de desvío mediante puentes y vertedores, y así utilizar las grandes ollas de inundación y pántanos del estado, que funcionarían como vasos reguladores y, mediante el efecto de presa, se abatirían los níveles de los ríos, bajando drásticamente la necesidad de las alturas de bordos de defensa, en las zonas de población –Villahermosa en particular- y productivas del estado (la Chontalpa).

Dar impulso a la explotación forestal sustentable, rehaciendo programas subsidiados, capacitación y asesoría en explotación y comercialización de productos

El desarrollo tendría un vigoroso impulso, tan solo con: implementar y fomentar la acuacultura; explotar el uso turístico y de comunicación de ríos y lagunas; mantener un programa de sanidad del agua, mediante proyectos adecuados para bajar la contaminación al máximo permisible, con reglamentos claros y vigilancia permanente, evitando que los ríos sigan siendo recolectores de basura y otros deshechos. Así se crearían las condiciones para un desarrollo sustentable. Sería la base el Plan Hidráulico, para sortear crecientes anuales de sus ríos (sólo el Mezcalapa tiene 80% de control). El resto, cada año transitan libremente y con menor tiempo de concentración en sus cuencas particulares. De allí las inundaciones seculares.

Como conclusión puntualizamos urgente: poner orden en el manejo, uso y control de las cuencas hidrológicas. No pueden ni deben seguir manejadas por intereses estatales, ni políticos. Primero son las personas, sus pueblos y comunidades. En paralelo, realizar un Plan Hidrálico –como el propuesto líneas arriba, abierto a la revisión experta-. De no tomarse estas medidas, seguiremos parchando con “remedios caseros” a las área afectadas, observando, año con año, las grandes tragedias que estamos padeciendo, por todos los rumbos del territorio nacional.

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Villah. Tab. 22-VIII-10.

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