Más control a elecciones que al poder
Salvador Fernandez / Publicado en el DIARIO DE TABASCO EL UNIVERSAL / 11/11/201701:00:16
“Nos preocupamos más por estar reformando las reglas de acceso al poder, que las reglas de ejercicio del poder y de control del poder, en las que vamos muy retrasados”, lamenta el mandatario de Tabasco quien este domingo rinde su V Informe de Gobierno
En ninguna parte del mundo “hay el aparato, la parafernalia que hemos creado en México para darles legitimidad a las elecciones”, asevera el gobernador Arturo Núñez Jiménez.
El segundo director del Instituto Federal Electoral, después de Emilio Chuayffet Chemor, explica que “el énfasis que le damos a lo electoral en México deriva de la falta de alternancia en tantos años. Eso nos sesgó nuestro desarrollo político.
“Las premisas electorales que dan credibilidad a los comicios en nuestro país son acometidas por la desconfianza, uno de los aspectos que más influyen”, señala en la segunda parte de la entrevista concedida a Diario de Tabasco el gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez, quien hoy presenta el V Informe de su gestión.
¿Seguiremos arrastrando la desconfianza entre los actores del sistema político mexicano en los procesos electorales? ¿Hay un determinismo histórico?
Sin lugar a dudas. La peculiaridad de nuestro proceso histórico nos marcó de muchas maneras. Y la larga hegemonía de un solo partido propició que muchas situaciones que no tenían que ser, son en México. Por ejemplo si usted viaja por el mundo, va a Europa, las elecciones las organizan en un departamentito muy pequeño del Ministerio del Interior. No hay el aparato, la parafernalia que hemos creado en México para darles legitimidad a las elecciones.
¿Por qué? Porque en los países europeos de la posguerra para acá ninguno ha tenido un partido que durara 60 años en el poder. Y eso nos sesgó. En los países europeos se vota y gana la mayoría, aunque sea por un voto. En México como la mayoría la tenía tanto tiempo un solo partido, se hablaba de mayoriteo. Lo que en cualquier otro lugar es el respeto al principio de la regla de mayoría, aquí es el “mayoriteo”; es hasta desprestigiante alcanzar la mayoría. Y hay muchas cosas que se nos distorsionaron por la especificidad de nuestro desarrollo político, pero que no tienen porqué ser así, no debieron ser así, pero que así fueron y entonces nos marcaron con una cierta lógica.
El énfasis que le damos a lo electoral en México, pues deriva de la falta de alternancia en tantos años. Eso nos sesgó nuestro desarrollo político. En otros países las elecciones juegan un rol importante, pero no el importantísimo que le damos en México, al punto de que nos preocupamos más por estar reformando las reglas de acceso al poder que las reglas de ejercicio del poder y de control del poder, en las que vamos muy retrasados.
¿Es la consecuencia de que tengamos el sistema electoral más caro del mundo? Entre otras cosas.
¿Cómo ve usted a futuro? ¿Lo seguiremos arrastrando por mucho tiempo? ¿Qué debe hacerse?
Yo cuando lo viví -y me tocó formar parte del esfuerzo para construir una nueva institucionalidad, legitimada, democrática, electoral- asumí que tenía que ser como un periodo de transición y después volver a lo que una vez el presidente Zedillo llamó “la normalidad democrática”. Volver a lo que hace el promedio de los países en el mundo. Pero a veces parece que no sólo no volvemos, sino que seguimos avanzando en una espiral de cada vez más gasto electoral, cada vez más parafernalia, de cada vez más suspicacia. En la Constitución escribimos los principios electorales, y se lo digo por índice alfabético: certeza, legalidad, imparcialidad, independencia y objetividad.
Pero un día le decía yo a la directora de la Misión de Asistencia Electoral de la ONU: “lo que no escribimos es el principio de principios: la desconfianza”. Es decir, detrás de toda esta parafernalia que hemos creado, lo que hay es una brutal desconfianza:
-Me vas a hacer trampa.
-No, mira, para que no te haga trampa te voy a proponer esta contratrampa.
-¡Ah!, pero esa contratrampa debe tener trampa.
-Entonces pongo a esa trampa una contratrampa contra la contratrampa. Y entonces hacemos un sistema electoral, efectivamente, de lo más caro del mundo.
En el marco de estos prejuicios, ¿es natural la satanización de que el partido en el gobierno pretenda conservar el poder?
En la historia política de México el concepto de “mayoriteo” surgió a la luz de dos razones:
1.- La configuración en 1986-87 de una Comisión Federal Electoral, en la que el número de comisionados del PRI era más que la suma de los comisionados de la oposición, más los del gobierno. Es decir aun en la hipótesis de que se aliaran los comisionados del gobierno con los de la oposición, que es un absurdo, no le ganaban al número de comisionados del PRI. Ahí se acuñó la idea del “mayoriteo”. El PRI tenía 16 comisionados, la oposición en su conjunto tenía 12 y el gobierno tenía tres: el secretario de Gobernación, un diputado y un senador. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, ya está decidido todo por la mayoría.
2.- Y en la otra parte que alimentó la noción de mayoriteo era que en el PRI había una cultura de “nosotros somos muchos y aquellos son una minoría, a los que les perdonamos la vida”.
-Oye, pero nos están diciendo cosas muy duras desde la tribuna.
-No les des tribuna, no les respondas, no les debatas.
Vamos a votar y punto.
Entonces se decía: “son votaciones sin razones”. Y como sabemos hoy se habla de la democracia relativa, la democracia de la razón mayoritaria debe estar llena de razones, no nada más es la fuerza de los números, es también la fuerza de los argumentos. Muchas veces en el PRI en la última etapa de su momento hegemónico no quería ir al debate, “porque hacía crecer a los enanos”. ¡Ah pero eso sí!, venía la aplanadora y ganaba la votación. Entonces se habló de mayoriteo en ese doble sentido.

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