lunes, 25 de marzo de 2019

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Guayabera Política


Guillermo Hübner Díaz
Publicado en el DIARIO DE TABASCO EL UNIVERSAL

“Desaparecidos, fruto podrido del neoliberalismo”


Ayer vi la trasmisión de la reinstalación en el palacio nacional del Sistema Nacional de Búsqueda, que tratará de aclarar la suerte que pudieron haber corrido unos 40 mil desaparecidos.

“El fruto podrido, la herencia más triste, más dolorosa, la que más lastima, recibida de la política económica neoliberal impuesta durante 36 años”, aseguró el Presidente López Obrador, al encabezar la reunión a la que asistieron altas autoridades ejecutivas, legislativas, gobernadores, padres, hermanos, hijos y esposas de quienes nadie supo, nadie sabe si viven o están muertos, nada.

Vi al Andrés que conocí de cerca hace muchos años, antes inclusive de que asumiera la presidencia del CDE del PRI (1983) en tiempos del “ideólogo de la Revolución”, Enrique González Pedrero.

Lo vi profundamente consternado por el dolor de quienes sufren la ausencia, la desaparición de sus seres queridos. Recordé aquellos días de fines de los 70 y principios de los 80, cerca del ingeniero Leandro Rovirosa Wade, cuyas 24 horas dedicaba, como delegado del INI-COPLAMAR, a la atención de los chontales, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, vulnerables, marginados a través del tiempo, a través de cientos de años.

Atestigüé, entonces, durante dos visitas a su campamento en Nacajuca, cómo orientaba con determinación ciertas acciones para combatir el alcoholismo impulsado por perversos para mantener cautivos a cientos de tabasqueños integrantes de esta etnia, lo vi, satisfecho, cuando escucho la primera transmisión de Radio Chontal, una estación para informar y comunicar a la región, me consta y no olvido su honda preocupación por dotar de una casa digna a familias que vivían prácticamente en el pantano. Lo logró.

Recuerdo, a escaso metros de la entrada a ese campamento, el monumento erigido en memoria de Carlos Pellicer Cámara, uno de los inspiradores políticos del hombre de Tepetitán. El busto del “Poeta de América” con su base estilizada y una placa que decía: “Algún día el maíz será de todos”. Recuerdo las brigadas de salud que recorrían las comunidades para sanar pero principalmente para prevenir enfermedades endémicas. Cuántas cosas más.

Ayer vi de nueva cuenta a aquel Andrés Manuel, no sólo consternado por el dolor de miles de familias que perdieron a uno o más de sus seres queridos, sino emocionado, entre ratos con la voz cortada, reafirmando su compromiso con esas familias de víctimas de desaparición, de dedicar todos los recursos necesarios –“no hay techo financiero, los queremos vivos”- para encontrarlos. Los ahorros de la austeridad, dijo, se destinarán “a esta justa causa”, aparte la de identificar a unos 26 mil cadáveres que permanecen en espacios forenses.

“Cuando voy a las giras, durante mis giras de trabajo por el país, encuentro a familiares, sobre todo a madres que me jalan, que me sacuden, me gritan, lloran… Yo aguanto todo, porque se lo que están sufriendo sin sus hijos y sin sus seres queridos, pero vamos a que haya justicia en el país”

Habló de justicia Andrés y por su falta, dijo, brotó la violencia, el desempleo, la inseguridad, llamó a todos a expresar voluntad “para serenar el país”, aseguró que ni como Presidente ni como Comandante de las fuerzas armadas, dará una orden para masacrar al pueblo, para reprimir cualquier manifestación de inconformidad, por el contrario, dijo, existe “el compromiso sincero” de las fuerzas policiacas y militares, de respetar absolutamente los derechos humanos en todas y cada una de sus acciones.

Condenó, sin mencionar el nombre del autor, lo hecho por Felipe Calderón Hinojosa, al declararle la guerra a la delincuencia organizada con los nefastos resultados que todos conocemos. “La violencia no se combate con la violencia, sino combatiendo las causas que la generan”. Andrés Manuel, lució ayer en toda su dimensión humana y política. Dejó constancia de que no está jugando al presidentito ni perderá el tiempo en frivolidades.
 
Si bien incorporó en su discurso un temas de suma importancia y lo hizo de manera ordenada, institucionalmente tratado, quedó la impresión de poseer un corazón enorme en el que anidan las mejores ideas e intenciones para lograr el bienestar de millones de compatriotas y que su humildad para expresarse como primera autoridad del país, no tiene límites, no tiene precedentes, ciertamente marca el inicio de una nueva época política y de una nueva forma de gobernar.

Le duele al hombre del palacio nacional, haber recibido los frutos prohibidos del neoliberalismo, pero no se achica para hacerlos a un lado y tratar de construir, convocando el concurso de todos los mexicanos, nuevos y mejores espacios para la agraviada sociedad. Sea.

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