jueves, 6 de noviembre de 2014

Artículo / Ángel Verdugo / Por fin, alguien se atrevió a reconocer públicamente lo evidente. Gracias, señor Secretario de Hacienda / Vier Nov 07

Por fin, alguien se atrevió a reconocer públicamente lo evidente. Gracias, señor Secretario de Hacienda

Es un hecho que la percepción sobre México ha cambiado por los acontecimientos en Iguala y las protestas alrededor de eso.
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Ángel Verdugo 07/11/2014 00:00 / Publicado en el Diario Excélsior
Por fin, alguien se atrevió a reconocer públicamente lo evidente. Gracias, señor Secretario de Hacienda
Pienso que para los asiduos a mis colaboraciones en Grupo Imagen —en Excélsior, secciones Global y Dinero; enExcélsior TV (Un día con Ángel) y en Reporte 98 conFrancisco Zea—, no es desconocido que he sido un crítico abierto y las más de las veces, rudo, tanto del Secretario de Hacienda como de buena parte de su equipo. Sin embargo, a costa de ser esta vez políticamente incorrecto —y recibir el alud de insultos y mentadas de quienes han hecho del anonimato fuente única de valentía para proferirlos, me atrevo a decir lo que sigue.
De entrada, debo felicitar al Secretario Videgaray por haber dicho —en la conferencia organizada por la revista inglesa The Economist—, lo que a continuación transcribo:
Pregunta: El otro día Banco de México dijo que los últimos acontecimientos de Iguala y las protestas alrededor de eso sí podrían cambiar la percepción de riesgo de los inversionistas frente a México ¿Usted está de acuerdo en esa tesis?
Respuesta: … Esta misma pregunta me la hicieron hace algunas semanas, y creo, es un hecho que la percepción sobre México ha cambiado por este hecho; toda la prensa internacional lo ha comentado, y no solamente la percepción de México, la percepción que hay de los extranjeros hacia México; la percepción de los propios mexicanos sobre las condiciones en nuestro país.
Ante sus palabras, que ratifican lo que muchos hemos dicho, van unas preguntas: ¿Por qué hasta anteayer? ¿Acaso no era evidente —desde hace semanas—, que el daño a la imagen del país en el exterior era de una gravedad tal, que la única salida era reconocerlo y tomar medidas efectivas para evitar la repetición de lo que lo había generado? ¿Por qué debieron pasar más de cinco semanas para que alguien del Gabinete dijera en público, lo que en privado dicen y repiten?
¿A qué le apostaron? ¿Acaso al olvido, o a la contemporización (acomodarse al gusto o dictamen ajeno por algún respeto o fin particular) de los inversionistas extranjeros? ¿Es ésta la ética que norma su gobernación?
Ahora bien, ¿qué sigue? Primero, ordenar a los secretarios —que como el de Economía y el de Relaciones Exteriores han pretendido negar lo evidente—, que mejor guarden un silencio sepulcral ante los problemas que hoy enfrentamos y, en caso de tener que emitir una opinión, dejen las mentiras para el ámbito personal, no para sus tareas como funcionarios.
Enseguida, reconocer que el primer paso ya fue dado: el reconocimiento público de la gravedad de los problemas enfrentados, y el daño que ha sufrido la imagen del país en el exterior. Sin
embargo, faltaría lo más importante para el país, su estabilidad política y el hoy inasible crecimiento económico: seguir hablándonos con la verdad.
De actuar así, lo demás se daría de manera natural; el ciudadano empezaría a creerle a un gobierno y a unos funcionarios que, una y otra vez, han pretendido venderle quimeras (aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo).
No tengo duda alguna, que los ciudadanos valorarían objetivamente algo que es común en las democracias, que gobernantes y sus funcionarios les hablen con la verdad, a ellos y a los agentes económicos y por supuesto, al resto de la población pues aunque lo duden, sí entendemos lo que hoy enfrentamos.
Espero que lo dicho por el Secretario, no sea solo una golondrina la cual no haría verano; tomemos en cuenta entonces, que la decepción sería peligrosa.

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