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Eugenio Hernández Sasso
Foto: Redes Sociales
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| Arturo Núñez |
Digamos que esto solo es un supuesto: Arturo Núñez Jiménez, durante seis años, aparentó ser un ‘anaguao” (término tabasqueño que se refiere a un hombre que se deja mandar por su mujer) para que todos se distrajeran en Tabasco y se ocuparan de cosas sin sentido, mientras él saqueaba a manos llenas el presupuesto del estado.
Muchos llegaron a pensar, inclusive, que tenía problemas de salud, que había perdido la memoria y que, ocasionalmente, lo metían en una cámara hiperbárica, a fin de recuperar parte de su deteriorada fortaleza y, una vez reparado el daño, entonces lo sacaban a eventos públicos.
Gente cercana a él, que tuvo la oportunidad de escucharlo en reuniones de trabajo con su gabinete, se pregunta recurrentemente: ¿qué le pasó a “don Arturo”? Porque comentan que tenía una lucidez envidiable, y para dar instrucciones a su equipo era prácticamente “un tigre”. Además bromeaba, contaba chistes y siempre tenía buen sentido del humor. Los problemas en el estado que (des)gobernaba no le quitaban el sueño.
Arturo Núñez utilizó una buena estrategia en lo político, pues hizo creer a los tabasqueños que se había enemistado con Andrés Manuel López Obrador y, este a su vez, le siguió el juego para que nadie tuviera la más mínima presunción de que desde el gobierno de Tabasco se podría financiar la costosísima campaña del actual presidente de la república.
En 2015 Núñez operó a favor de Gerardo Gaudiano, a efecto de llevarlo a la presidencia municipal de Centro en dos ocasiones (en la elección normal y en la extraordinaria). López Obrador se ofendió al grado de llamarlo traidor, pues argumentó que le había salido ‘puque’, como huevo podrido, y le había pasado encima a Octavio Romero Oropeza con la maquinaria del Estado.
Esa simulación fue muy buena; sin embargo, el actual presidente premió el servilismo oculto de Arturo Núñez con su hijo Néstor, a quien primero le otorgó una candidatura a diputado y luego a la alcaldía de Cuauhtémoc, cargo en el que actualmente se desempeña el muchacho, quien por cierto admira a su padre “porque ha sido un ejemplo de servicio al pueblo”.
Al final de su sexenio, Núñez hizo creer de nuevo a Gerardo Gaudiano que contaría con todo su apoyo como candidato al gobierno del estado, pero al final lo dejó desamparado y operó a favor de Morena para que ganara AMLO, Adán Augusto, la totalidad del Congreso y la mayoría de las 17 alcaldías de Tabasco; por eso, y por muchas razones más, goza de total impunidad y, a través del tiempo, el pueblo empieza a olvidar o desentenderse de la afrenta, mientras las autoridades de gobierno son incapaces de someterlo a juicio.
Parece no importar que Arturo Núñez y su esposa Martha Lilia estén marcados por la historia como lo peor que le pudo pasar a Tabasco, pues en su mandato logró todos los primeros lugares de lo malo: inseguridad, desempleo, homicidios, suicidios, violaciones, pobreza, miseria, saqueo de las arcas públicas… y párele de contar.
Los tabasqueños sueñan con ver, por lo menos, sujetos a investigación a los culpables de su desgracia, y en la medida que transcurren los días se dan cuenta que mientras más pasa el tiempo, más se desvanece su esperanza y pierden la fe en quienes les ofrecieron acabar con la corrupción y también con la impunidad.
No hay indicios de denuncias legales ante las autoridades respectivas, solo declaraciones mediáticas que intentan apaciguar el ímpetu y sed de justicia de un pueblo ofendido hasta la médula.
Mientras tanto, los protagonistas de lo peor de la historia en Tabasco descansan, gozan de los privilegios que otorga la riqueza financiera (bien o mal habida), pasean por diferentes países del mundo y esperan pacientemente que todo se olvide para que, si les es posible, continúen en lo único que aprendieron a hacer durante toda su vida…

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