Lo que dejó la gira de López Obrador
› René Alberto López
E-mail: ralopez22@hotmail.com
Publicado en papiro.com
Del día viernes al día domingo de la semana que recién concluyó, estuvo Andrés Manuel López Obrador de gira por el municipio de Centro, y, sus recorridos dejaron varios mensajes:
Cuando la realidad rebasa la imaginación, lo peor que puede ocurrirle a la obviedad es tratar de meterla en el terreno de la especulación.
El distanciamiento entre el gobernador Arturo Núñez Jiménez y Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena es real, tan efectivo es, que ya no hay vuelta de hoja, y quienes piensan lo contrario, simplemente no conocen bien el talante del oriundo de Tepetitán.
Y, el argumento de que el hijo de Núñez, esto es, Nestor Núñez López, sea diputado de Morena en la asamblea Legislativa del Distrito Federal, nada tiene que ver con una supuesta negociación, tras bambalinas, entre el mandatario estatal y López Obrador.
De buena fuente sabemos que Núñez López obtuvo tal posición para competir por Morena, debido al padrinazgo de Ricardo Monreal, ex gobernador de Zacatecas, eso es lo real, y López Obrador, simplemente respetó la propuesta de uno de sus principales aliados y, no lo vetó. “Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, diría el filósofo choco.
Pero eso de que López Obrador le haya dicho a Núñez “vamos a fingir como que estamos peleados para engañar al régimen de Peña Nieto”, y que en el acuerdo le advirtió que le diría “traidor” y “puque”, es una elucubración del tamaño del mundo. La verdad, la verdad, no me imagino tremenda trama.
Una más, que la rencilla haya derivado porque Núñez le negó darle dinero de las arcas estatales. Otra verdadera jalada que, incluso, he escuchado de boca de muchos actores políticos, obviamente del PRI y de otros partidos.
Como saben los periodistas serios que le han dado seguimiento a estos dos políticos tabasqueños, la controversia en realidad comenzó, precisamente, porque el habitante de la Quinta Grijalva se negó a presentar una controversia constitucional contra el gobierno federal de Enrique Peña Nieto, a fin de exigirle a la Federación más recursos para el estado de Tabasco, por la explotación del hidrocarburo.
El lunes 31 de marzo de 2014, Núñez recibió en Palacio de Gobierno una comisión de militantes de Morena en Tabasco, integrada por Octavio Romero Oropeza, entonces presidente del Consejo Político Estatal; Javier May Rodríguez, presidente del Consejo Directivo Estatal, así como a los legisladores federales Lorena Méndez Denis, María Fernanda Romero Lozano y Adán Augusto López Hernández, este último senador.
Le entregaron un documento en el que le plantearon al jefe del Ejecutivo “la necesidad de que Tabasco reciba más recursos por la actividad petrolera que se realiza en la entidad”, como lo demandó López Obrador el 18 de marzo de ese año en la celebración de la Expropiación Petrolera que encabezó en Villahermosa.
El 6 de abril de ese mismo año Morena hizo pública la carta que les envió el gobernador Núñez Jiménez, en la que rechazó la petición del líder Andrés Manuel López Obrador, de ampararse contra la Federación por la Reforma Energética y de realizar un pronunciamiento público en defensa del petróleo.
Entre otros argumentos Núñez aclaró que durante la presentación de su primer informe de labores, en noviembre de 2013, “propuso a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que Tabasco y las demás entidades petroleras reciban recursos adicionales de un fondo especial que les permita recuperar lo que perdieron con la Reforma Fiscal de 2007, al cambiar los criterios para la distribución de las participaciones federales”.
Esa respuesta fue el principio del fin de una relación política entre López Obrador y Núñez, pues en respuesta a la carta del gobernador, Romero Oropeza “lamentó el limitado compromiso de Núñez de irse por otras vías y no encabezar una petición directa y enérgica a la Federación para que a Tabasco se le dé lo que en justicia le corresponde por la explotación petrolera”.
Y, la gotota que rebasó el vaso y la paciencia de López Obrador, fue cuando Núñez decidió firmar un convenio de colaboración con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), para que los deudores en resistencia civil se comprometan a pagar, cuando en campaña el gobernador prometió luchar por el “borrón y cuenta nueva” y “bajar las tarifas eléctricas”. Esto es, Núñez dejó “colgado de la brocha” a miles de tabasqueños que votaron por él debido a esa propuesta.
La gira de López Obrador dejó el gran mensaje de que ese partido sí va en serio en defensa de los tabasqueños en resistencia civil contra los cobros de la CFE, cuyo “problema social”, tiende a agudizarse y, el tema de la luz, ojo, puede ser un gran detonante en el crecimiento de Morena y uno de los aspectos que lleven a la derrota al PRI --si no lo atiende en Tabasco y el resto del país el gobierno federal-- en los comicios presidenciales de 2018.
Porque se magnificó el anuncio de la cacareada reforma energética de Peña Nieto, en el sentido de abaratar el costo de la energía eléctrica en los hogares mexicanos y, a la fecha, ese beneficio no se ve en los bolsillos de los mexicanos, sino todo lo contrario.
El control de la prensa a manos del gobierno estatal, quien paga la publicidad oficial, fue otro de los mensajes que dejó la gira de López Obrador.
Han pasado más de 25 años de cuando el gobierno de Salvador Neme Castillo y luego los siguientes regímenes del PRI, trataba de minimizar en Tabasco a la entonces oposición encabezada por López Obrador y el PRD.
En la prensa local los llamaban “grupúsculo”, revoltosos”, y de violentos no los bajaban, además de manipular los mítines de López Obrador con el argumento de que no tenía seguidores.
Así fue creciendo el movimiento perredista, hasta alcanzar el poder, con el inconveniente que se lo entregaron a un ex priista Arturo Núñez que, no sólo traicionó en sus tiempos de priista a Roberto Madrazo, hoy a López Obrador, a Manuel Ordóñez Galán y a periodistas que lo ayudaron cuando andaba en desgracia “política y económica”, sino que traicionó al pueblo de Tabasco.
En la gira que acaba de encabezar, esa misma prensa, en concreto el diario Tabasco Hoy, adicta ahora a los mandatos de la Quinta, fue desmentida por López Obrador en las asambleas informativas, pues acusó que el periódico de marras había consignado que a su reuniones sólo asistían 80 personas.
En efecto, no eran miles los que se concentraban, pero tampoco eran 80, en cada una de las reuniones los asistentes fluctuaban entre las 300 y 500 personas.
Además, tiene su explicación: los encuentros con esos números de asistentes es porque se trataron de “asambleas informativas”, con sus militantes, esto es, no es una campaña presidencial. Pero, ¡ay! de aquellos que se confíen y consideren que López Obrador está muerto políticamente en Tabasco para el 2018.
Observamos, pues, de primera mano, que la prensa en Tabasco no ha avanzado a lo largo de 25 años.
Los diarios, principalmente, siguen sujetos a los intereses del gobierno en turno, y está vigente en tierras chocas la máxima Lopezportillista: “no pago para que me peguen”, pero el asunto aquí es que el gobierno es de extracción perredista, supuestamente de “izquierda” y presuntamente “democrático”.
Del día viernes al día domingo de la semana que recién concluyó, estuvo Andrés Manuel López Obrador de gira por el municipio de Centro, y, sus recorridos dejaron varios mensajes:
Cuando la realidad rebasa la imaginación, lo peor que puede ocurrirle a la obviedad es tratar de meterla en el terreno de la especulación.
El distanciamiento entre el gobernador Arturo Núñez Jiménez y Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena es real, tan efectivo es, que ya no hay vuelta de hoja, y quienes piensan lo contrario, simplemente no conocen bien el talante del oriundo de Tepetitán.
Y, el argumento de que el hijo de Núñez, esto es, Nestor Núñez López, sea diputado de Morena en la asamblea Legislativa del Distrito Federal, nada tiene que ver con una supuesta negociación, tras bambalinas, entre el mandatario estatal y López Obrador.
De buena fuente sabemos que Núñez López obtuvo tal posición para competir por Morena, debido al padrinazgo de Ricardo Monreal, ex gobernador de Zacatecas, eso es lo real, y López Obrador, simplemente respetó la propuesta de uno de sus principales aliados y, no lo vetó. “Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, diría el filósofo choco.
Pero eso de que López Obrador le haya dicho a Núñez “vamos a fingir como que estamos peleados para engañar al régimen de Peña Nieto”, y que en el acuerdo le advirtió que le diría “traidor” y “puque”, es una elucubración del tamaño del mundo. La verdad, la verdad, no me imagino tremenda trama.
Una más, que la rencilla haya derivado porque Núñez le negó darle dinero de las arcas estatales. Otra verdadera jalada que, incluso, he escuchado de boca de muchos actores políticos, obviamente del PRI y de otros partidos.
Como saben los periodistas serios que le han dado seguimiento a estos dos políticos tabasqueños, la controversia en realidad comenzó, precisamente, porque el habitante de la Quinta Grijalva se negó a presentar una controversia constitucional contra el gobierno federal de Enrique Peña Nieto, a fin de exigirle a la Federación más recursos para el estado de Tabasco, por la explotación del hidrocarburo.
El lunes 31 de marzo de 2014, Núñez recibió en Palacio de Gobierno una comisión de militantes de Morena en Tabasco, integrada por Octavio Romero Oropeza, entonces presidente del Consejo Político Estatal; Javier May Rodríguez, presidente del Consejo Directivo Estatal, así como a los legisladores federales Lorena Méndez Denis, María Fernanda Romero Lozano y Adán Augusto López Hernández, este último senador.
Le entregaron un documento en el que le plantearon al jefe del Ejecutivo “la necesidad de que Tabasco reciba más recursos por la actividad petrolera que se realiza en la entidad”, como lo demandó López Obrador el 18 de marzo de ese año en la celebración de la Expropiación Petrolera que encabezó en Villahermosa.
El 6 de abril de ese mismo año Morena hizo pública la carta que les envió el gobernador Núñez Jiménez, en la que rechazó la petición del líder Andrés Manuel López Obrador, de ampararse contra la Federación por la Reforma Energética y de realizar un pronunciamiento público en defensa del petróleo.
Entre otros argumentos Núñez aclaró que durante la presentación de su primer informe de labores, en noviembre de 2013, “propuso a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que Tabasco y las demás entidades petroleras reciban recursos adicionales de un fondo especial que les permita recuperar lo que perdieron con la Reforma Fiscal de 2007, al cambiar los criterios para la distribución de las participaciones federales”.
Esa respuesta fue el principio del fin de una relación política entre López Obrador y Núñez, pues en respuesta a la carta del gobernador, Romero Oropeza “lamentó el limitado compromiso de Núñez de irse por otras vías y no encabezar una petición directa y enérgica a la Federación para que a Tabasco se le dé lo que en justicia le corresponde por la explotación petrolera”.
Y, la gotota que rebasó el vaso y la paciencia de López Obrador, fue cuando Núñez decidió firmar un convenio de colaboración con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), para que los deudores en resistencia civil se comprometan a pagar, cuando en campaña el gobernador prometió luchar por el “borrón y cuenta nueva” y “bajar las tarifas eléctricas”. Esto es, Núñez dejó “colgado de la brocha” a miles de tabasqueños que votaron por él debido a esa propuesta.
La gira de López Obrador dejó el gran mensaje de que ese partido sí va en serio en defensa de los tabasqueños en resistencia civil contra los cobros de la CFE, cuyo “problema social”, tiende a agudizarse y, el tema de la luz, ojo, puede ser un gran detonante en el crecimiento de Morena y uno de los aspectos que lleven a la derrota al PRI --si no lo atiende en Tabasco y el resto del país el gobierno federal-- en los comicios presidenciales de 2018.
Porque se magnificó el anuncio de la cacareada reforma energética de Peña Nieto, en el sentido de abaratar el costo de la energía eléctrica en los hogares mexicanos y, a la fecha, ese beneficio no se ve en los bolsillos de los mexicanos, sino todo lo contrario.
El control de la prensa a manos del gobierno estatal, quien paga la publicidad oficial, fue otro de los mensajes que dejó la gira de López Obrador.
Han pasado más de 25 años de cuando el gobierno de Salvador Neme Castillo y luego los siguientes regímenes del PRI, trataba de minimizar en Tabasco a la entonces oposición encabezada por López Obrador y el PRD.
En la prensa local los llamaban “grupúsculo”, revoltosos”, y de violentos no los bajaban, además de manipular los mítines de López Obrador con el argumento de que no tenía seguidores.
Así fue creciendo el movimiento perredista, hasta alcanzar el poder, con el inconveniente que se lo entregaron a un ex priista Arturo Núñez que, no sólo traicionó en sus tiempos de priista a Roberto Madrazo, hoy a López Obrador, a Manuel Ordóñez Galán y a periodistas que lo ayudaron cuando andaba en desgracia “política y económica”, sino que traicionó al pueblo de Tabasco.
En la gira que acaba de encabezar, esa misma prensa, en concreto el diario Tabasco Hoy, adicta ahora a los mandatos de la Quinta, fue desmentida por López Obrador en las asambleas informativas, pues acusó que el periódico de marras había consignado que a su reuniones sólo asistían 80 personas.
En efecto, no eran miles los que se concentraban, pero tampoco eran 80, en cada una de las reuniones los asistentes fluctuaban entre las 300 y 500 personas.
Además, tiene su explicación: los encuentros con esos números de asistentes es porque se trataron de “asambleas informativas”, con sus militantes, esto es, no es una campaña presidencial. Pero, ¡ay! de aquellos que se confíen y consideren que López Obrador está muerto políticamente en Tabasco para el 2018.
Observamos, pues, de primera mano, que la prensa en Tabasco no ha avanzado a lo largo de 25 años.
Los diarios, principalmente, siguen sujetos a los intereses del gobierno en turno, y está vigente en tierras chocas la máxima Lopezportillista: “no pago para que me peguen”, pero el asunto aquí es que el gobierno es de extracción perredista, supuestamente de “izquierda” y presuntamente “democrático”.
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