martes, 21 de junio de 2016

CORTE DE CAJA / José Martínez/ Todo por el poder: partidos desdibujados, sin color ni sabor / Columna / Mar Ju 21

Corte De Caja

Todo por el poder: partidos desdibujados, sin color ni sabor

José Martínez
Publicado en el Diario AVANCE Tabasco

La historia mal aprendida nos condena a repetirnos, cuando la sociedad está controlada por un pequeño grupo privilegiado que decide, dispone e impone las reglas y leyes por las cuales un sistema de gobierno debe establecerse, el pueblo está condenado a vivir dentro de una camisa de fuerza. Ese pueblo apenas si sobrevive mientras mantienen a esa especie de “casta divina” –los “bien nacidos” dijo en Tabasco un empresario metido a político- que parece no tener llenadera.

Los cambios de administración aunado a la alternancia en el poder tanto a nivel federal, estatal y municipal fueron saludados con optimismo, pero lamentablemente han propiciado que el ejercicio de la democracia en México se convierta en un circo mediático. Estamos así que lo que parece importar ya no es una plataforma política o una ideología sino exhibir al otro sobre los errores o promesas incumplidas de las administraciones del partido propio de cada funcionario particular.

El ejercicio del poder se encuentra supeditado a la visión subjetiva de quien o quienes lo ejerzan de forma responsable o no. En una sociedad donde la conciencia política se ha ido extinguiendo con el paso de las administraciones, la desilusión hacia “los políticos” provoca que los ciudadanos comunes busquen las alternativas en sus propias filas sin preocuparse por la continuidad de los programas sociales, que buenos o no, se han diseñado para el crecimiento y el desarrollo de la comunidad.

En la partidocracia mexicana, por ejemplo, hay un fantasma que hace más de treinta años –incluso el escritor Octavio Paz, en el Laberinto de la Soledad, ya decía que el desgaste del sistema político gubernamental reclamaba una renovación urgente-, ha venido caminando en sentido contrario a los intereses de una democracia severamente herida.

Tanto que el pasado 5 de junio la derrota fue la principal vocera de uno de los partidos tradicionalmente arraigados en el poder del Estado mexicano que ni estando ausente durante dos sexenios panistas se ha terminado de ir. Se aferra a pesar de las contrariedades que enfrenta con la disidencia magisterial, y el creciente hartazgo de la ciudadanía por la crisis que cada vez se agrava. El 2018 se presenta como grave riesgo.

Vemos con sorpresa y disgusto que los líderes partidistas buscan a toda costa el poder con alianzas que van en contra de su propia naturaleza: se han atrevido a mezclar el agua con el aceite, la izquierda y la derecha.

Lo que se ve no se juzga –diría un filósofo de la popularidad-. Las alianzas como las del PAN-PRD en los vecinos estados de Veracruz y Quintana Roo, pecan de pragmatismo. No se distinguen más las doctrinas que le dieron identidad y sentido. También en su afán por engañar a los ciudadanos, los partidos grandotes crean apéndices como el PVEM y el Panal para el PRI, sin olvidar que hasta el PT -de supuesta izquierda – va al mejor postor. Todo por el poder y los negocios de las prerrogativas y el tráfico de influencias.

HABERES

TAL PARECE que ese era el propósito: los de la CNTE en Oaxaca ya no quieren nada con Gabino Cué en caso de una mesa de diálogo después de ocho muertos y varios heridos. Sólo el gobierno federal puede ser el interlocutor. Mientras los inconformes siguen con el cierre de carreteras y centros comerciales. Alguien debe recordarles a los actores de uno y otro lado que la política es diálogo, no es aniquilación.

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