Carlos Rojas Gutiérrez
Ingeniero egresado de la UNAM
Ex Senador de la República
Ex Diputado Federal
Ex Secretario General del CEN del PRI
Ex Secretario de Sedesol
Ex Dir. Gral del INI
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CARTA POR MÉXICO (1)
México, nuestro país, se nos está diluyendo entre las manos: Inseguridad creciente, matanzas cotidianas y ocultamiento de hechos dramáticos; resultados económicos mediocres y obsession por aplicar un modelo económico que lo único que ha producido son millones de pobres; un crecimiento desmedido de la deuda pública; una creciente e inaceptable desigualdad social que está a punto del rompimiento; un gasto público que obedece los dictados de organismos internacionales, sin orden ni estrategia, privilegiando obras cuestionadísimas y dejando de lado lo básico; una política social que se ha dedicado a la entrega individual de recursos públicos a millones de mexicanos que no han servido para nada y sólo han contribuido al clientelismo y rompimiento del tejido social; ausencia de políticas de atención a los jóvenes y, al mismo tiempo, opacidad en las cuentas, una corrupción galopante en la burocracia , concursos amañados y una ambición desmedida en la entrega de contratos y supuestas asociaciones público-privadas que no son otra cosa que negocios particulares que todos deberíamos rechazar y reprobar.
No hay casi nada en el horizonte que nos haga sentir aunque sea un poco optimistas, o menos pesimistas; al contrario, basta abrir cualquier periódico o medio e informarse de lo que pasa en la cotidianidad mexicana para asegurar que la profundidad de este pozo en el cual hemos caído no tiene fin.
De sorpresa en sorpresa por el escándalo del día; de matanza en matanza por la impunidad; del descrédito y desconfianza hacia las instituciones por la incapacidad del gobierno de atender los reclamos sociales; por su dejadez e incapacidad para actuar con oportunidad; por su costumbre de mentir y tratar de ocultar la verdad y proteger la corrupción que los desborda. Por su silencio.
¿Qué México le vamos a entregar a nuestros hijos y nietos? Seguro no merecen esto. Por eso necesitamos un cambio radical, y no me refiero con ello a alentar o tener nuevos mesías, profetas o adalides de la justicia que no son otra cosa más que modernos demagogos . No! Me refiero a un cambio que construyamos muchos, todos, con verdad, visión y honradez, con el único propósito de que los mexicanos logremos vivir en paz y con dignidad.
Hoy los estados del sur viven, nuevamente, una severa crisis. Un momento político que exige la voluntad y contribución de todos nosotros para que los problemas se puedan resolver de la mejor manera y en paz (el texto, obvio, fue redactado antes de los sucesos de Nochixtlán). Si no atinamos a encontrar soluciones que le den una nueva esperanza a los sureños para incorporarse plenamente al desarrollo del resto del país; si no logramos construir soluciones mediante la palabra, habremos fracasado y todos tendremos parte de responsabilidad. México está a un verdadero tris de partirse, de violentarse, de que caigamos en una espiral de provocación, violencia, represión y rencor imparable. ¡Hagamos algo! He aquí una modesta idea: EL DIÁLOGO PÚBLICO.
¿Hay alguna razón para que el diálogo entre SEGOB y demás autoridades con la CNTE sea privado, reservado, casi a escondidas? ¿Por qué no hacerlo público, delante de todos los medios, con asistencia de legisladores, de gobernadores de los estados y una representación de autoridades locales? Han dicho las autoridades federales que ¡la ley es inamovible! ¿Por qué? Es perfecta? ¡Seguramente no! Entonces escuchemos las razones de los maestros, que sus argumentos sean públicos y se analicen con transparencia y honradez. ¿Cuáles son sus propuestas? ¿Qué ideas tienen? ¿En qué no están de acuerdo?
¿Por qué después de no más de 48 horas de que casi por unanimidad el Congreso aprobó un bodrio legislativo que disgustó a las cámaras empresariales, el Presidente de la República las atiende e inmediatamente solicita a dicho Congreso una rectificación para satisfacer la petición empresarial? No termino de comprender la razón, si es que existe alguna, por la cual no podamos escuchar de igual manera a los maestros. Y si hay que corregir la ley, ¡pues que se corrija! Es obvio que hay cuando menos algunas cosas que hemos escuchado por parte del magisterio que son razonables y comprensibles.
Por ejemplo, la CNTE ha señalado que una evaluación homogénea es incorrecta y deja en desventaja a los maestros de las zonas marginadas. Tienen razón. Para los que conocemos alguna comunidad campesina o indígena nos queda claro que los profesores hacen un enorme esfuerzo para prepararse y cumplir con su trabajo, sin embargo, la condición territorial y socioeconómica de las comunidades, las condiciones de las escuelas, etc., los colocan en clara desventaja frente a otros colegas que laboran o se han formado en regiones mejor desarrolladas o en las grandes ciudades. Entonces no entiendo las razones o el porqué no aceptar que haya evaluaciones regionales que comprendan de mejor manera y con equidad, la circunstancia escolar y estudiantil de la educación.
Todos estamos de acuerdo en que a estas alturas es inaceptable que el sindicato, oficial o no, dirija y administre la educación pública; tampoco es razonable heredar plazas o que los normalistas obtengan un espacio laboral automáticamente, como sucedió por muchísimos años.
Claro, eran otros tiempos y el país tenía realidades distintas, pero esto no quiere decir que abandonemos a esos jóvenes, ya que muchos no tienen otra salida para progresar en la vida que el incorporarse al magisterio y un gran número se inscribió en las escuelas normalistas por carecer de otra opción. ¡Ellos también merecen una respuesta! Y si no es por la vía del magisterio, pues construyamos otras, con ellos, con su participación, sin autoritarismo. Hagámoslo con solidaridad y respeto, comprensión y corresponsabilidad.
En síntesis, lo que sugiero es que hablemos, que pongamos todo lo que esté de nuestra parte para encontrar la mejor solución para los niños y niñas, para nuestros jóvenes, que hoy, no tienen un futuro claro. Hagámoslo con transparencia, hablando con verdad y honradez, con paciencia y tolerancia. Para que no haya ni campañas publicitarias que traten de construir culpables ni demagogias gubernamentales de mejoras estadísticas que muestran lo “bien” que estamos o cómo hemos mejorado, o supuestos desabastos, que más parecen ser el pretexto anticipado de la represión; o también que los lideres de la CNTE dejen de mantener como rehenes a todos los ciudadanos del sur y de seguir con la estrategia de mantener indefinidamente el conflicto hasta que las autoridades se doblen.
Por ello, la mejor receta es la transparencia. La solución está en el diálogo y para que funcione y nos comprometa, tiene que ser público, delante de todos.

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