domingo, 28 de noviembre de 2010

Solo en Domingo: Francisco Peralta Burelo / Columna / Nov 28

(Publicado en el Diario Tabasco Hoy)

Casarse tres veces… ¡con la misma!

Ferdusi Bastar Mérito se va a casar… por tercera vez… ¡y con la misma mujer!. Así lo dice él mismo, entre solemne y divertido. Para ese efecto reparte invitaciones personalmente (aunque la iglesia no corre amonestación alguna).

“Yo también me he casado tres veces, y con la misma mujer”, tercia Justo Díaz del Castillo, quien hace seis años cumplió medio siglo de haber contraído sus primeras nupcias con quien por toda una vida ha sido única esposa.

Ferdusi Bastar en unos días más ajustará cincuenta años de matrimonio con Martha Mier y Terán Morett y lo celebrará con una nueva unión religiosa. El se caso con ella hace medio siglo, reincidió en el hecho veinticinco años después y ahora de nuevo concelebra todo con la misma dama.

Tres veces, en efecto, Ferdusi Bastar Mérito se ha casado con la misma mujer. Por lo religioso, claro, no por lo civil, porque antes la ley solamente lo ha hecho una vez con ella.

Empero Ferdusi y Martha --aunque cada veinticinco años se hayan estado casando-- desde que se casaron la primera vez --dado que se juraron amor eterno y estar siempre uno al lado del otro en las buenas y en las malas-- lo hicieron para toda la vida (porque lo que Dios une el hombre no lo puede separar).

Casarse tres veces --con la misma mujer y con el mismo hombre, y sin divorciarse jamás-- tiene sus méritos, y desde luego sus Bastar. No muchas mujeres llegan hoy a celebrar sus bodas de oro (o sus cincuenta años de matrimonio indisoluble). Pocas viven, a la par, los años necesarios para que ello ocurra o mantienen la estabilidad matrimonial necesaria.

Pocas, de aquellas parejas que se casaban para toda la vida, y a las que sólo la muerte separaba y para las que el divorcio no existía (ni aún en los casos en los que la convivencia mutua les resultaba difícil, porque por encima de todo estaban los hijos y el qué dirán). La mayoría de ellas acataba aquel “ya se casó… ya se amoló” y si le tocaba llevar la cruz la llevaba y si tenía la suerte de ser feliz pues lo era.

Aquellos matrimonios --como el de Ferdusi Bastar y de otros muchos-- eran duraderos. Lo fueron. Así fue durante el viejo costumbrismo --o la vieja moral-- tabasqueña. Quizá no se volvían a casar como ahora --con el mismo hombre o con la misma mujer--, ni renovaban votos matrimoniales cada veinticinco años, ni llevaban a cabo todo ese simbolismo que suele estilarse ya, pero desde luego que sabían que si se casaban era para siempre.

Claro que no podría negarse que hubo divorcios, separaciones, mujeres dejadas, maridos abandonados, pero fueron muchos más los matrimonios que perduraron y que se consolidaron al paso de los años (sosteniéndose algunos por la mera costumbre, como no podría soslayarse).

En la actualidad, sin embargo, ya no es así. Hoy los matrimonios no son como los de antes. Al menos no duran tanto. ¿Cuántos de los que se han celebrado en lo que va de este siglo llegarán a sus bodas de oro, o de plata siquiera?. ¿Qué porcentaje le gusta a usted lector, lectora?

Hoy el matrimonio no es para toda la vida. No funcionan las cosas y hasta ahí; para eso está el divorcio. Y es más fácil que un hombre o una mujer se case con tres mujeres o tres hombres diferentes a que lo haga tres veces con la misma o con el mismo. ¿Cuántas no van por su segundo o tercer esposo o cuántos no suman ya dos, tres o cuatro esposas, o parejas?

Hoy todavía, rezagos del siglo pasado, algunos matrimonios celebran sus bodas de plata o de oro --como es el caso de los de Ferdusi Bastar, Justo Díaz del Castillo y otros más--, pero hacia los años veinte de la actual centuria desde luego que serían muchos menos, y ¿hacia la década de los cincuenta cuántos llegarán a esa celebración, dada que cada vez su vida se vuelve más corta?.

Bueno, pero para qué nos metemos en honduras. Al cabo que eso ya ni lo veremos. Lo importante es que Ferdusi Bastar Mérito y Martha Mier y Terán Morett de Bastar llegan a sus cincuenta años de matrimonio, se casan por tercera vez y celebran --en unión de su familia-- sus bodas de oro, siendo una pareja de enamorados. Y como este es un cuento de amor: “colorín, colorado”.

P.D. Mi saludo para Gloria Rodríguez y María Elena Zentella, lectoras de Sólo en Domingo y de Tabasco Hoy.

fcoperalta42@hotmail.com

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