lunes, 7 de enero de 2013

TRANSPARENCIA POLÍTICA / Erwin Macario / Columna / Agrarismo / Ene 07


Agrarismo

Fue un acto conmovedor, inolvidable.
¡Los indios se arrodillaban y besaban
la tierra que volvía a ser suya !
Francisco J.
Santamaría, citado por Armando de María
Campos / Múgica, crónica biográfica

erwinmacario@hotmail.com

Con la tesis profesional “Organización y producción agropecuaria en el Plan Chontalpa”, Arturo Núñez Jiménez obtuvo la licenciatura en la Escuela Nacional de Economía, de la UNAM. Ayer domingo, ya como gobernador de Tabasco, asistió a su primer acto relacionado con el agro, el 98 aniversario de la Promulgación de la Ley Agraria.

Buena oportunidad, ésta, para que en su nombre se reiterara que su política para el campo tabasqueño se centra en la recuperación de su potencial productivo, como lo dijo el orador oficial y secretario de Desarrollo agropecuario, Forestal y Pesquero, Pedro Jiménez León, quien señaló que se tiene el diagnóstico, “crudo pero preciso” de la realidad de Tabasco y que a 99 años del surgimiento de la ley agraria de 1915 nuevamente el campo mexicano vuelve a ocupar un espacio estratégico en la agenda del desarrollo nacional.

En Tabasco los cambios desatados por la ley agraria se convirtieron en fértiles ensayos de organización que se perdieron después del gobierno de Lázaro Cárdenas, dijo el orador.

Ciertamente, al gobernador Arturo Núñez le tocará celebrar el centenario del inicio de aquellos cambios —frustrados por una política donde el desarrollo se financió a costa de la riqueza del campo— pues en 1915 el gobernador Francisco Múgica hizo justicia a los campesinos despojados desde un siglo antes de las tierras de la isla El Chinal, en Jonuta y que el autor de Múgica, crónica biográfica ilustra que fue considerado por Santamaría como un acto conmovedor.
Desde antes de Lázaro Cárdenas se actuó, en Tabasco, como en el país, contra el agrarismo de la ley de 1915. El propio gobernador, general Francisco José Múgica Velázquez, se queja desde Teapa, el 29 de agosto de 1916, ante el general Salvador Alvarado, jefe del Cuerpo del Ejército del Sureste, señalando que “usted sabe bien que el grande ideal de esta revolución es la cuestión agraria, clara, semiliberal, aunque no resuelta… ya se hace política para estrangular los primeros pasos, pues la prensa, es decir la voz oficial, declara enfáticamente que con los terrenos nacionales se resolverá el problema y aquí en Tabasco recibí ordenes del Jefe para restituir a la Cúia. Agrícola Tabasqueña S.A. (compuesta de gachupines y yanquis) los terrenos de la isla “El Chinal” que habían sido quitados a los hijos de Jonuta y que yo les entregué como ejidos y con fundamento en la única Ley Agraria que ha dado la Revolución”.

Ese año, a Tabasco, dice Armando de María Campos, llegaron noticias poco tranquilizadoras. ¿Será verdad que la Revolución ha detenido su marcha…? ¿Por qué figuran en puestos de responsabilidad del Gobierno Constitucionalista elementos reconocidos como enemigos de la Revolución?.
Múgica se fue, dejando —lo dice en un manifiesto al pueblo— el Gobierno del Estado de Tabasco sólidamente establecido y una entidad en completa tranquilidad y en el sendero del progreso práctico…

Coincidencias y diferencias a casi un siglo.

Lo dijo ayer, domingo, en un acto agrarista de un gobierno perredista, el discurso oficial: “En Tabasco, las generaciones de nuestros padres y abuelos conocieron, porque con su trabajo la crearon, la riqueza de un campo fértil, con una ganadería y cultivos que fueron ejemplos dentro del país y que nos dieron a conocer en el mundo.

“Sin embargo, al igual que el resto de la nación, esta riqueza se fue agotando hasta volverse un legado de crisis, pobreza, caída de la producción, abandono de los cultivos y la ganadería y contaminada por el petróleo”.

Diagnóstico crudo, pero preciso. Es cierto.

Más crudo, rudo, fuerte, sonó en voz de un ex priísta recalcitrante que defendió, incluso, a Roberto Madrazo cuando iba a ser defenestrado del cargo de gobernador, al decir que después de las acciones entre 1980 y 1987 —gobiernos de Leandro Rovirosa Wade y Enrique González Pedrero, cuando “con los camellones chontales y los centros integradores… se volvió a detonar el desarrollo agropecuario”— el campo tabasqueño “se empobreció y su gente pasó a ser moneda de cambio electoral con el uso partidista, discrecional y abusivo de los programas y apoyos para la producción”.
Libertades de la alternancia esto de hablar así, a toro pasado.

Sin embargo el acto de ayer fue bueno. Nuevos funcionarios relacionados con el campo entonaban el himno agrarista, aunque ayudados por el papelito. Ni José Angel Ruiz Hernández —viejo líder campesino, de la Liga de Comunidades Agrarias, que es la representación oficial pues la CNC es el sector partidista, como se aclaró—, se acordaba de la letra. O no quiso cantarla.

Marchemos agraristas a los campos / a sembrar la semilla del progreso / marchemos siempre unidos sin tropiezo / laborando por la paz de la nación…

Y mucho menos cantaron otros: Voy a empezar a cantarles/ la canción del agrarista / les diré muchas verdades /señores capitalistas…

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